En el lenguaje, decía Aristóteles, descansan las ruinas y los naufragios del tiempo.

En el lenguaje, decía Aristóteles, descansan las ruinas y los naufragios del tiempo. Y en los lenguajes siempre se aprecian los refranes, palabras colmas de sabiduría que trascienden a la generación del autor y se conservan cual joyas preciosas.

Entre tantos refranes, hay uno que reza así: “Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió, ni mandes a quien mandó”.

Meditando he concluido que no se debe por ningún motivo, agregar un ‘te’ -complemento directo de los verbos ‘servir’ ‘pedir’ y ‘mandar’-, porque ello significaría que la vida es estática.

Imposible pensar que no debemos servir a quien nos sirvió, pues la vida da muchas vueltas. Lo mismo aplica a quien alguna vez nos pidió algo y al que fue nuestro superior jerárquico.

Como casi todos, este útil aforismo tiene varias lecturas. Una de ellas dice que debemos ser cuidadosos al tratar con gente que haya cambiado recientemente su estatus social o económico, pues podría ser alguien que fue humillado y es proclive a vengarse con quien sea, no necesariamente con quien cometió la iniquidad.

Otra lectura es que cualquiera de las tres personas aludidas (el que sirvió, el que pidió y el que mandó) pudiera conocer los defectos propios de las mencionadas servidumbres, y posiblemente se mostrará además de riguroso, molesto por su degradación laboral o engreído por su condición de alguien venido a más.

Con las personas que han prosperado recientemente es mejor no pedirles nada, pues ‘No hay mayor tirano que un pobre hecho amo’; como también al revés, algunas personas que fueron subalternos de quien ahora les sirve, inventan ofensas recibidas y buscan humillarlo, pues el ego es una faceta de la psique, que puede llegar a ser un aliado, o un fuerte obstáculo para una buena relación laboral o de negocios.

Así somos de complicados los seres humanos.

Fuente: Palabrario, Leopoldo Espinosa Benavides, Ediciones Castillo, 2002.

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