hoy muchos señalan una desconexión entre esa marca y la calidad de lo que ofrece.

Presente y futuro del PAN

Durante décadas, el Partido Acción Nacional ha sido una marca reconocida y valorada por amplios sectores de la sociedad. Sin embargo, hoy muchos señalan una desconexión entre esa marca y la calidad de lo que ofrece.

¿Cómo explicar esa paradoja? Aunque es una comparación dura, pero muy precisa. Acción Nacional sigue siendo una marca poderosa porque representa una historia, una lucha democrática, una ética de servicio público y una esperanza de contrapeso. El problema es que el “producto”, es decir, quienes hoy dirigen el partido y buena parte de quienes se dicen militantes, no siempre están a la altura de esa marca. Cuando los componentes son de baja calidad, el resultado final decepciona, aunque el empaque sea atractivo.

Pero el problema es más profundo y estructural. No se trata solo de una dirigencia en particular, sino de una degradación progresiva del perfil de muchos dirigentes y de la militancia misma. Durante años se permitió el ingreso masivo de personas sin formación doctrinaria, sin convicción y, en muchos casos, sin compromiso real con los valores humanistas del PAN. Eso deteriora cualquier organización, por más sólida que sea su historia.

Es ahí donde podemos ver claramente el papel que han jugado los llamados “padroneros”.

Un papel profundamente nocivo. Los padroneros convirtieron la militancia en una mercancía electoral interna. El padrón dejó de ser una comunidad de ciudadanos comprometidos para transformarse en una lista de control político. Cuando el objetivo es inflar números para ganar elecciones internas, se sacrifica la calidad, la ética y la congruencia. Y un partido sin militancia auténtica pierde su alma.

Sin embargo, el PAN sigue siendo una opción para muchos ciudadanos porque la marca PAN está asociada a valores que siguen vigentes: HONESIDAD, BIEN COMÚN, SOLIDARIDAD, SUBSIDIARIEDAD, DEMOCRACIA, RESPETO A LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA Y CONTRAPESOS AL PODER. La gente recuerda lo que el PAN fue y lo que puede volver a ser. El problema es que cuando ven a ciertos dirigentes o candidatos, no encuentran coherencia entre el discurso y la práctica actual. Ahí se rompe la confianza.

El PAN necesita con urgencia retomar el rumbo, volviendo a lo esencial. Primero, recuperar la formación doctrinaria como eje central de la militancia. Nadie debería dirigir o representar al PAN sin conocer y vivir sus principios. Segundo, depurar el padrón con valentía, privilegiando la convicción sobre la cantidad. Más vale una militancia pequeña, pero auténtica, que miles de nombres sin compromiso real.

El PAN debe dejar atrás la lógica del partido como trampolín de poder y recuperar la idea del partido como escuela de ciudadanía. Se necesita humildad para reconocer errores, firmeza para cerrar la puerta al oportunismo y generosidad para abrir espacios ciudadanos que quieran servir, no servirse. El PAN nació como una comunidad de principios, no como una agencia de colocaciones políticas.

¿Acción Nacional tiene futuro? Sí, pero solo si entiende que la marca no se sostiene sola. Una marca exitosa necesita un producto de calidad. Y en política, ese producto son las personas: sus dirigentes, sus candidatos y su militancia. Si el PAN vuelve a apostar por valores, congruencia y militancia real, sin padroneros ni simulaciones, no solo recuperará su rumbo, también su credibilidad ante México.

About The Author