Como el par de remesas de capos ilegalmente enviados a Estados Unidos; las dos veces que Trump ha dicho que Claudia Sheinbaum no gobierna sino el narcotráfico, al que le tiene miedo.
La captura del ilegítimo presidente de Venezuela Nicolás Maduro y de su esposa, así como el traslado de ambos a Estados Unidos para ser juzgados por narcotráfico y otros delitos, operación largamente anunciada, ha suscitado numerosos comentarios, opiniones y análisis. Nadie imaginó la existencia de tantos “venezolanólogos”.
Con motivo de tales acontecimientos, algunos opinadores han comentado, más de soslayo que abiertamente, si algo parecido le puede suceder a México. Se hace necesaria al respecto una presentación objetiva de los datos duros que hay sobre el punto. Se hará un intento aquí. Y más que análisis, en realidad será sólo la presentación escueta, salvo breves comentarios marginales, de lo sucedido en los últimos doce meses.
Como seguramente se recuerde, el 20 de enero de 2025 Donald Trump juró por segunda vez como presidente de los Estados Unidos. En su discurso inaugural dijo que ese mismo día había firmado siete órdenes ejecutivas, que llamó “históricas”. En un pasaje de esa intervención ante el Congreso de su país, Trump expresó:
“Las órdenes que he firmado hoy designarán (declararán) a los cárteles como organizaciones terroristas”. Hasta antes de ese día, 20 de enero de 2025, tal tipo de declaración se consideraba en diversos ámbitos estadounidenses como políticamente improcedente y jurídicamente inviable. Pero a partir de entonces ya no, si bien discutible para ciertos sectores.
En su discurso, Trump explicó el motivo de su decisión así: “esos cárteles —dijo— controlan funcionalmente, mediante una campaña de asesinatos, terror, violaciones y fuerza bruta, casi todo el tráfico ilegal a través de la frontera sur de Estados Unidos. En ciertas zonas de México —agregó— funcionan como entidades cuasi gubernamentales, controlando todos los aspectos de la sociedad… Sus actividades, proximidad e incursiones en el territorio físico de Estados Unidos representan riesgos inaceptables para la seguridad nacional de este país”.
Bueno, pues a pesar de la referencia expresa, abierta y directa hecha por Trump en su discurso a México, o más bien dicho a los cárteles mexicanos, sucedió ¡Oh, sorpresa! que la orden ejecutiva firmada por él sólo menciona como organizaciones terroristas a dos cárteles: el llamado Tren de Aragua, venezolano, y a la Mara Salvatrucha, centroamericano; pero significativamente a ningún cártel mexicano.
No se requiere ser muy perspicaz para suponer que tal omisión, es decir, la no mención de ninguno de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, obedeció tal vez a algún tipo de acuerdo entre gobiernos. Una especie de deferencia al mexicano.
Hipotético acuerdo que aparentemente una de las partes no cumplió, porque la reacción del nuevo gobierno norteamericano fue tan feroz como inusitada. Se recordará que luego, doce días después, el 1 de febrero, la Casa Blanca emitió un documento oficial denominado Hoja Informativa, en la que se lee lo siguiente:
“Las organizaciones mexicanas del narcotráfico tienen una alianza intolerable con el gobierno mexicano. El gobierno mexicano ha proporcionado refugios seguros a los cárteles para que se dediquen a la fabricación y transporte de narcóticos peligrosos, que en conjunto han provocado la muerte de miles de víctimas estadounidenses. Esta alianza [del gobierno mexicano con el narcotráfico] pone en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos y debemos erradicar la influencia de estos peligrosos cárteles”.
Como se podrá apreciar, el texto de la Casa Blanca es de una violencia verbal impresionante. A pesar de ello, el gobierno mexicano reaccionó con indigna tibieza. Y de nueva cuenta algo incumplió, lo cual provocó que diecinueve días después, el 20 de febrero, aparentemente terminada la paciencia del gobierno americano, el Departamento de Estado emitiera otra Hoja Informativa oficial en la cual finalmente ahora sí declara “como organizaciones terroristas (FTO) y terroristas globales especialmente designados” a los siguientes seis cárteles mexicanos: de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, del Noreste, Nueva Familia Michoacana, del Golfo y Cárteles Unidos.
Luego han venido una serie de episodios a los que por su amplitud no hay forma de abordar aquí con detalle. Como el par de remesas de capos ilegalmente enviados (que no jurídicamente extraditados) a Estados Unidos; las dos veces que Trump ha dicho que Claudia Sheinbaum no gobierna sino el narcotráfico, al que le tiene miedo. Y finalmente la declaración hecha por el mismo Trump el sábado 3 de enero, en el sentido de que “vamos a tener que hacer algo con México”. ¿En qué estará pensando?

