enero 2, 2026
a vejez no tiene compasión con nadie. Golpea justo donde más duele: en la esperanza. Y yo saqué mis conclusiones. Amargas, realistas, pero salvadoras.

Cuando cumplí 67 años, me senté en un sillón, miré la vida que había vivido y pensé:
«Pues ya está… casi setenta años, la recta final». ¿Y qué descubrí? Que muchas de las cosas en las que antes creía con toda el alma no eran más que ilusiones.

¿Los hijos? Tienen su propia vida.
¿La salud? Se va más rápido que el agua de una cubeta agujereada.
¿El Estado? Solo números en las noticias y promesas ruidosas.

La vejez no tiene compasión con nadie. Golpea justo donde más duele: en la esperanza. Y yo saqué mis conclusiones. Amargas, realistas, pero salvadoras.

  1. Los hijos no salvan de la soledad
    Durante toda la vida pensamos: «Cuando los hijos crezcan, la vejez será feliz. Estarán cerca, nos apoyarán». Suena bonito, pero la realidad es otra. Los hijos tienen sus propios problemas: trabajo, deudas, su propia familia, sus propios hijos. Y tú te quedas esperando una llamada como si fuera una fiesta. El teléfono guarda silencio durante semanas, hasta que de pronto llega un mensaje corto:
    «Hola, mamá. Todo bien».

Miras la pantalla, te alegras de que estén vivos y sanos. Pero la sensación de vacío no se va. Entendí una cosa: los hijos no son garantía contra la soledad.

  1. La salud no es eterna
    Cuando ya no tienes ganas de ir a lugares a los que antes volabas sin pensarlo, entiendes que la salud no es un fondo invisible. Es tu capital principal.
  2. La pensión y el dinero
    La pensión no es vida, es una burla. Si dependes solo del gobierno, te estás cavando tu propia fosa.
    Durante mucho tiempo creí: «No nos van a dejar abandonados». Sí lo hacen. Y sin miramientos. La pensión apenas alcanza para los servicios y las medicinas. El resto, como puedas.
  3. Por eso establecí mis propias reglas. No son un cuento de hadas, son sobre sobrevivir con dignidad.
  4. Cinco reglas honestas para la vida
  5. Regla 1. El dinero es más confiable que los hijos
  6. No se ofendan, pero es la verdad. Los hijos son amor y alegría, pero no son un fondo de retiro.
  7. La conclusión es simple: ahorra tú misma. Guarda, trabaja, piensa en tí. Aunque sea poco, eso es libertad.
  8. Regla 2. La salud es tu trabajo principal
  9. Lo primero es levantarte de la cama sin dolor. Muévete, haz ejercicio, camina. Diez sentadillas, menos sal y menos azúcar: suena simple, pero funciona. Las enfermedades no preguntan si eres rico o pobre. Rodean a quienes se cuidan.
  10. Regla 3. Aprende a disfrutar sola
  11. La espera es enemiga. Esperas una llamada, un regalo, atención… y llega la decepción.
  12. La felicidad hay que crearla con tus propias manos: una cena rica, un buen libro, una caminata, tu música favorita. La alegría es la mejor vacuna contra la tristeza.
  13. Regla 4. La vejez no es motivo para ser débil
  14. Algunos de mis contemporáneos se vuelven quejosos eternos: «Ay, todo me duele… ay, todos tienen la culpa…». ¿Y el resultado? Hasta los más cercanos se alejan.
  15. La debilidad no provoca compasión, provoca cansancio. A las personas se les respeta por mantenerse firmes, incluso cuando es difícil.
  16. Regla 5. Suelta el pasado
  17. La trampa más peligrosa es el «antes». Antes el pasto era más verde, los hijos más obedientes, la vida más fácil. Pero el «antes» ya no existe. Solo existe el «ahora».
  18. Estoy aprendiendo a vivir en el presente, sin esperar que la vida vuelva a ser «como antes». Es diferente. Y mi tarea es estar viva dentro de ella.
  19. La libertad y la fuerza están en tus manos
  20. La vejez es un examen. Nadie lo va a aprobar por ti.
  21. O aceptas la vida tal como es y la construyes de nuevo, o te sientas en el sillón, te quejas y esperas que alguien venga a salvarte. Spoiler: nadie va a venir.
  22. Pero si levantas la cabeza, respiras hondo y te sonríes a ti misma, descubres algo importante: se puede vivir después de los setenta.
  23. Y vivir bien.

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