enero 2, 2026
Mientras la frontera del conocimiento se mueve hacia la “ingeniería del cáncer”, México enfrenta una carga creciente de la enfermedad. En 2024 se registraron 95,237 muertes por cáncer en el país,

“La ciencia es una manera de pensar” Carl Sagan

La nueva publicación “Cancer Engineering: The Convergence of Engineering and Health to
Advance Cancer Research and Care” marca un antes y un después en la forma de pensar el
cáncer: no solo como problema biológico, sino como desafío de ingeniería de sistemas,
datos e innovación social. En un país como México, donde el cáncer causa ya más de 90
mil muertes al año, esta convergencia no es un lujo académico, es una hoja de ruta para
salvar vidas y reducir desigualdades.
El documento, emanado del National Cancer Policy Forum de las Academias Nacionales de
Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, recoge un taller de 2025 que reúne a
oncólogos, ingenieros, matemáticos, expertos en inteligencia artificial (IA) y responsables
de política pública. Su tesis central es provocadora: para controlar el cáncer hay que tratarlo
como un sistema complejo que va de la prevención al tratamiento y la supervivencia,
cruzando infraestructura, política y comportamiento humano. No se trata solo de “más
quimioterapia”, sino de rediseñar cómo detectamos temprano, cómo personalizamos
terapias y cómo acercamos la tecnología a la gente, incluso fuera del hospital.
Entre los ejemplos que presenta la obra, destacan innovaciones que hace una década
habrían sonado inverosímiles o de ciencia ficción: Vacunas personalizadas de Ácido
Ribonucleico (ARN) mensajero contra cáncer, diseñadas a partir del genoma del tumor, con
algoritmos que seleccionan los neoantígenos más prometedores y manufactura casi “a pie
de cama”. Dispositivos implantables del tamaño de un grano de arroz que liberan
microdosis de múltiples fármacos dentro del tumor para probar, en días, qué combinación
funciona mejor en ese paciente, sin exponerlo a toxicidades sistémicas.
Chips microfluídicos capaces de filtrar prácticamente el volumen total de sangre de una
persona para capturar miles de células tumorales circulantes y caracterizarlas una por una,
abriendo la puerta a detección temprana y seguimiento en tiempo real. Sistemas de
detección y respuesta“ con pequeños “biofármacos implantados” que miden continuamente
moléculas del entorno tumoral y ajustan de forma automatizada la dosis de inmunoterapia,
con inteligencia artificial integrada.
Inteligencia artificial aplicada a imágenes médicas y láminas de patología para anticipar
quién se beneficiará de quimioterapia o inmunoterapia, reducir biopsias innecesarias y
detectar cáncer años antes de que sea visible clínicamente. La obra insiste en algo crucial:
la IA no es magia, exige validación rigurosa y un uso ético, sobre todo si se desplegará en
sistemas de salud con recursos limitados.

Mientras la frontera del conocimiento se mueve hacia la “ingeniería del cáncer”, México
enfrenta una carga creciente de la enfermedad. En 2024 se registraron 95,237 muertes por
cáncer en el país, 11.4% de todas las defunciones; 49,4940 (52.4%) ocurrieron en mujeres.
La tasa nacional de mortalidad por tumores malignos en 2023 fue de 70.8 defunciones por
cada 100 mil habitantes, con cifras especialmente altas en estados del norte como
Chihuahua y Baja California Sur.
De acuerdo con estimaciones recientes basadas en GLOBOCAN, México supera ya las 200
mil personas con diagnóstico nuevo de cáncer por año, con cáncer de mama, próstata y
colorrectal entre los más frecuentes. El riesgo acumulado de desarrollar cáncer antes de los
75 años se sitúa alrededor de 14%, y el riesgo de morir por cáncer en ese periodo ronda 6 a
7%.
Diagnóstico tardío, barreras de acceso, inequidad territorial y una brecha creciente entre lo
que la ciencia puede ofrecer y lo que efectivamente llega a las colonias, comunidades
rurales y periferias urbanas es lo cotidiano en nuestro país.
El libro «cáncer engineering» no es un recetario, pero deja muy claras varias lecciones que
México puede aprovechar. Pensar en sistemas, no en islas, controlar el cáncer exige
coordinar prevención, tamizaje, tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos como un
sistema adaptativo, apoyado en datos, no como programas fragmentados que compiten por
presupuesto. Traer la ingeniería a la consulta haciendo que facultades de medicina y
escuelas de ingeniería dejen de trabajar en paralelo, se requieren profesionales que hablen
el lenguaje de datos e innovación, e ingenieros que entiendan clínica, ética y territorio.
Tecnología apropiada, no sólo sofisticada, subrayando que muchas de estas soluciones se
han diseñado pensando en entornos de bajos recursos con una IA “oportunista” que usa
estudios ya disponibles, dispositivos portátiles, plataformas que acortan tiempos y costos.
Esto encaja con la realidad de hospitales generales, institutos y clínicas del primer nivel en
nuestro depauperado sistema público de salud.
Para nuestro país la ventana de oportunidad es clara y debemos aprovechar la ola global de
innovación en vacunas personalizadas, terapias celulares, IA diagnóstica y dispositivos
implantables, no como consumidores pasivos, sino como co-creadores desde nuestros
centros académicos y hospitales.
Agradezco su lectura y comentarios durante 2025 estimados lectores y les deseo un feliz,
próspero y sobretodo !Saludable 2026!.

About The Author