La derrota en Chile se interpreta como debilidad. La apuesta doble por el endurecimiento del régimen.
«Aquí no hay posibilidad de que pase eso», sentenció la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, en su conferencia de prensa matutina al referirse a la derrota electoral del proyecto político que encabeza Gabriel Boric en Chile. En Palacio Nacional tienen claro que el resultado impactará en la región y también en México. En su diagnóstico, Boric no logró imponerse ni generar consenso, a consecuencia de dos procesos constituyentes fallidos. Para la autodenominada Cuarta Transformación es el ejemplo perfecto de lo que no se puede permitir un movimiento cuando asume el poder.
La frase de la presidenta es más significativa de lo que parece. Se trata de un juicio severo sobre el todavía mandatario chileno: si bien gobernó con estatura moral, no pudo construir un aparato capaz de minimizar los riesgos de perder el poder. Es decir, en esa lectura distorsionada la conclusión es que, antes de aceptar una alternancia, resulta legítimo endurecer el régimen. La experiencia chilena convertida en un manual preventivo.
Tanto en México como en la región, los populistas junto a sus propagandistas e «intelectuales» perezosos buscan explicarlo todo -incluida la jornada electoral chilena- bajo la mirada arcaica de etiquetas de derecha y de izquierda. Se trata de una estrategia que abona a la polarización y que no explica el fondo. El conflicto y la ansiedad de todo un país reducido a un péndulo ideológico.
Sin embargo, el resultado electoral va más allá de un giro hacia el conservadurismo. Una de las hipótesis sobre lo ocurrido, radica en la secuencia, tiempo político y conducción del conflicto que ha vivido la sociedad chilena. El proceso constituyente sobre el cual fracasó doblemente Gabriel Boric parecía reconfigurar las necesidades de toda una población sobre el principio de igualdad mientras la vida cotidiana se reconfiguraba y avanzaba sobre otras prioridades orientadas hacia la seguridad.
En ese espacio en el que Boric desgastó su capital político, José Antonio Kast capitalizó esa desalineación de intereses de la mayoría. Su triunfo respondió a necesidades más tangibles que ideológicas Esa estrategia organizó una mayoría transversal. El episodio chileno muestra cómo el poder cambia de manos cuando la autoridad simbólica se desplaza frente al agotamiento ciudadano provocado por expectativas no cumplidas. Más aún en una sociedad que discute sobre derechos de tercera generación.
En México, esta experiencia electoral se tradujo en una advertencia interna. La alternancia aquí se interpreta como amenaza existencial para el régimen que con apenas 7 años ha sufrido un desgaste acelerado. La autodenominada Cuarta Transformación se concibe así misma como un proyecto que requiere continuidad prolongada para cristalizarse. Bajo esa lógica, la concentración de decisiones, el control de la agenda pública y el cierre progresivo del sistema aparecen como acciones responsables para alcanzarlo. El autoritarismo se formula como un deber histórico justificable ante el gran objetivo final.
La explicación binaria izquierda-derecha exonera al poder de examinar su propio ejercicio. El fracaso ajeno se atribuye a la tibieza ideológica. El éxito propio se asocia con firmeza moral. Esa narrativa simplifica el mundo y legitima decisiones que corrompen y debilitan la democracia. La cooptación del INE, la eliminación de órganos autónomos constitucionales, la colonización del Poder Judicial y de los Tribunales así como la persecución de activistas y periodistas constituye un botón de muestra de la operación gubernamental que busca un obligado cierre de filas.
Cuando el poder se concibe como patrimonio a resguardar, la política se transforma en administración del riesgo: el pluralismo se estrecha, la deliberación pierde espacio y el andamiaje institucional opera únicamente para resguardar los privilegios de clase gobernante.
En ese sentido, la respuesta de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, exhibe que la lección democrática de Chile se entendió de la peor manera. La advertencia presidencial de «aquí no hay posibilidad de que eso pase» revela esa lógica. Boric es visto desde México como el ejemplo del poder ejercido con cautela excesiva. El régimen mexicano se propone aprender para no correr ese riesgo. La propuesta de reforma electoral (próxima a discutirse a inicios del 2026) tiene nuevos incentivos para constituirse como el instrumento que elimine el pluralismo…. Más vale eso que verse reflejados en el espejo de Boric.Y es que todo sistema político demuestra su solidez cuando una fuerza acepta la derrota, la alternancia ocurre con normalidad y el relevo se integra a la vida institucional. Cuando la transferencia del poder se percibe como inconcebible, tal como ocurre en México, está implícito que la democracia es solo un concepto retórico que no tiene mayor espacio para practicarse.

