Dos siglos después de su publicación, la serie de aguafuertes y aguatintas Los caprichos (1797–1799) de Francisco de Goya —y en particular la célebre estampilla nº 43, El sueño de la razón produce monstruos— siguen funcionando como una advertencia artística sobre los efectos sociales de la irracionalidad: superstición, fanatismo, desinformación y abuso. Especialistas, museos y comentaristas culturales interpretan hoy esa pieza como un llamado a mantener despierta la razón para evitar que las “criaturas” de la ignorancia desestabilicen la vida pública.
Un manifiesto en imagen
En la estampa, Goya representa a una figura dormida sobre su mesa de trabajo; detrás, un enjambre de búhos, murciélagos y felinos —símbolos tradicionales de la superstición y la ignorancia— parecen surgir del mismo sueño. El frente del escritorio incluye la inscripción que se ha vuelto icónica: “Caprichos: El sueño de la razón produce monstruos”, frase que la crítica interpreta como un doble mensaje: la razón abandonada engendra peligros sociales, pero la imaginación unida a la razón es la fuente de la creación artística.
Crítica social y contexto ilustrado
Los caprichos constituyen una serie satírica en la que Goya denuncia vicios, abusos e irracionalidades del tardío Antiguo Régimen español: corrupción, malas prácticas judiciales, superstición popular y desigualdades. El uso del aguafuerte y la técnica del aguatinta le permitió contrastes tónales que intensifican el dramatismo y la ironía de las escenas; la estampa 43 ha sido interpretada por historiadores del arte como un manifiesto personal donde Goya reclama el valor de la observación crítica frente a la ceguera colectiva.
De la superstición a la posverdad: conexiones con el presente
En la actualidad, comentaristas culturales han recurrido a la imagen de Goya para explicar fenómenos como la radicalización en masas, la circulación viral de noticias falsas y el auge de liderazgos que explotan prejuicios: cuando la razón “duerme”, se multiplican los “monstruos” informativos y sociales. Críticas recientes vinculan simbólicamente el grabado con episodios contemporáneos —desde disturbios políticos hasta olas de desinformación durante crisis sanitarias— como ejemplos de lo que ocurre cuando la lógica y la evidencia ceden terreno ante el miedo y la rumorología.
¿Qué nos dice Goya sobre la verdad y la lógica hoy?
El mensaje de Goya no es un simple rechazo de la imaginación: su leyenda completa —“La fantasía abandonada por la razón produce monstruos; unidas con ella, son madre de las artes” — advierte que la creatividad sin criterio también puede degenerar, y que la atención crítica (investigación, educación, debate informado) es condición para una sociedad saludable. En términos actuales, la estampa subraya la necesidad de alfabetización mediática, transparencia institucional y cultura cívica que privilegie la evidencia sobre la emoción manipulada.
Voces del arte y la academia
Museos y conservadores usan la estampa como recurso pedagógico: el Museo del Prado y el Metropolitan Museum la incluyen en sus explicaciones públicas como ejemplo de cómo el arte puede ser herramienta de crítica social y educación cívica. Académicos han señalado además que la potencia de Los caprichos radica en su ambivalencia: Goya no sólo denuncia sino que propone —por vía negativa— el valor de la observación, la razón y la verdad como contrapesos necesarios frente a fenómenos colectivos peligrosos.
Conclusión — Una advertencia útil en tiempos frágiles
Que El sueño de la razón produce monstruos siga reapareciendo en columnas, exposiciones y debates públicos hoy no es casualidad: su imagen resume, en clave visual poderosa, el riesgo que corre cualquier sociedad cuando permite que la desinformación, la superstición o la indiferencia científica reemplacen el diálogo informado. Goya regaló una metáfora: despertar la razón no es sólo una exigencia intelectual, sino una tarea cívica para preservar la verdad, la convivencia democrática y la salud pública frente a los monstruos que nacen del silencio crítico.

