Los muchos historiadores expertos en ese periodo de la historia de la mexicanidad, incluyendo los arqueólogos, estarán examinando con mucho más detalle las afirmaciones
Cualquier análisis del libro “Grandeza”, de López Obrador, debe partir de su carácter esencialmente político e ideológico, y no tanto como una reseña histórica académica. Es un texto escrito utilizando supuestos sobre el pasado para explicar y defender su visión del presente.
Los muchos historiadores expertos en ese periodo de la historia de la mexicanidad, incluyendo los arqueólogos, estarán examinando con mucho más detalle las afirmaciones, suposiciones y opiniones de López Obrador. Ya se han escuchado expresiones preliminares descalificando sus especulaciones sobre las prácticas de las culturas mesoamericanas en cuanto a los sacrificios humanos.
Justamente en el caso de los sacrificios humanos es donde se imponen los prejuicios y criterios judeocristianos de López Obrador por encima de realidades de culturas que piensan distinto. Tampoco cree que las élites pudieran haber comido la carne humana, cuando pudiera ser una práctica perfectamente legítima como forma de trasmutación de experiencias de una cultura a otra. Varias culturas han hecho lo mismo. Pero, para entender eso, hay que separar los valores judeocristianos del analista para empatizar con otras formas de ver y entender la vida, la ética y los valores.
El libro de López Obrador es una joya en cuanto al estudio de cómo un hombre imbuido de valores judeocristianos quiere torcer la experiencia humana para adaptarse a su muy particular visión del universo y de la humanidad que lo habita. Y a sus aparentes necesidades político-ideológicas.
Curiosamente recuerda a Karl Marx y el Manifiesto Comunista. Marx y Engels acusaron a la religión de ser el opio de las masas, porque adormece su capacidad de entender la realidad, y, sin embargo, proceden a declarar la “inevitabilidad del socialismo”. Es decir, afirman haber descubierto, por vía de la lógica y deducción científica, una verdad religiosa: que existe el paraíso terrenal para la humanidad (en ese caso llamado socialismo).
No existe religión alguna que no ofrezca, como recompensa, un paraíso al final del camino de la vida. Estos dos agnósticos y “anti establishment religiosos” terminaron creando su propia religión, con todo y paraíso incluído.
La reseña hecha por López Obrador sobre los pueblos prehispánicos es indicativo de que él cree haber descubierto sociedades de una pureza (sic) moral y ética, casi sin pecado alguno. Su “descubrimiento” suena a una mímica del paraíso de Edén antes de que la bruja de Eva mordiera la manzana. López Obrador piensa como un teólogo del Viejo Testamento, más que como un historiador o arqueólogo del INAH. De ahí que su búsqueda de pasadas verdades no es ingenua, sino que está orientada a atender una agenda moderna y más urgente. Quiere defender su proyecto político y percibe que la evaluación de su paraíso está entredicho.
El eje central del proyecto ideológico y político de López Obrador es la suposición de que existe, en el México actual, un pueblo bueno, sabio y honesto. Recordemos que son sus palabras. Y que ese pueblo bueno y sabio fue sometido a la degradación y la humillación por actores históricos neoliberales tan perversos como lo fueron los crueles y desalmados españoles que se atrevieron a masacrar al pueblo originario en pos de una sola cosa: el oro.
El neoliberalismo, según el supuesto etos morenista, es el equivalente a los españoles desalmados durante la conquista, porque lo único que les interesa a los neoliberales es el dinero. Oro unos, dinero otros. El paralelismo con la Biblia y la cultura judeocristiana sigue apareciendo y brotando por todos los poros del relato obradorista sobre el invicto pueblo bueno.
En el poema Paraíso Perdido, de John Milton. escrito alrededor de 1667, los temas de la Caída de la humanidad y su relación con el oro son centrales para entender la lucha de los cristianos entre el bien y el mal. La Caída de la humanidad (Adán y Eva) es producto de una falla moral, mientras el oro es visto como un símbolo de idolatría, ambición y perversión satánica. Incluso, los ángeles rebeldes construyen una ciudad en el infierno llamada Pandemonium, mientras excavan buscando oro.
Éstas son las verdaderas fuentes originales del pensamiento de López Obrador. Y cree, desesperadamente, haber descubierto a un pueblo que existió previo a la Caída de la Humanidad. ¡Hombre necio! Las fantasías sobre el pasado obnubilan su visión sobre el verdadero carácter del ser humano, antes y después del arribo de los españoles a tierras mexicas. La envidia, la soberbia, la codicia y el odio siempre han convivido, en todas las culturas, junto con la empatía, la ternura, la generosidad y la honestidad ética.
Siempre han existido perversos y deshonestos junto a seres ecuánimes y colaborativos. Pensar que existió un paraíso y después llegó la Caída es una fantasía que habla de cuán alejado está el proponente de la realidad. O, en este caso, cuán alejado está López Obrador de la realidad.
Y así tiene que ser, pues quiere utilizar el libro para demostrar y probar la justeza histórica de la 4T. Quiere justificar su propuesta fundacional que existe un “pueblo bueno y sabio” que merece ser salvado (por él). Además, que la lucha entre lo bueno y lo malo existe y debe ser enfrentada con todas las armas disponibles, para destruir al Mal. El oro (dinero) es perverso y será enfrentado con la ética de un gobierno solidario. La violencia no lleva a nada y, por tanto, la justeza y la necesidad de “abrazos, no balazos” es evidente para todos.
En esencia, López Obrador y la 4T proponen regresar a México a su etapa pre-Caída. Obviamente la ceguera le funciona a López Obrador. Él instauró un régimen basado en la corrupción, la fanatización de los buenos contra los malos, la legitimación de la violencia criminal, la polarización de la sociedad y la adoración al oro. Su familia es un espejo de todos esos atributos. Es dable pensar que su libro “Grandeza” es una oda a un mundo ideal que nunca existió, pero que la fantasía de ex presidente, siendo rodeado por un pavorreal, le construye semejante delirio.
Pero también está la realidad de López Obrador que amenaza con regresar a las calles de México para imponer sus deseos, como López de Santa Anna. Amenaza con guerra, destrucción y caos. Es la completa contradicción del autor que supuestamente busca el regreso al “Hombre antes de la Caída”. Detrás de las contradicciones y flagrantes mentiras del libro de López Obrador, subyacen dos pretensiones.
Una es evidentemente no ceder el poder presidencial, que considera temporalmente prestado a Sheinbaum. La segunda es construir una explicación tan abigarrada como bizantina, pero que pretende ser coherente, para justificar sus próximos lances, cuyos efectos se sentirán en la política nacional, probablemente para mal.
POR RICARDO PASCOE
COLABORADOR
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