enero 2, 2026

La aparición de López Obrador

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¿Cómo interpretar el video que publicó este domingo 30 de noviembre el expresidente?

Quien lo vea como un gesto simple o anecdótico, no ha entendido la mente estratégica de Andrés Manuel López Obrador. Nada en su comunicación es accidental; nada es improvisado. Y este mensaje, a pesar de su aparente tono cotidiano, no es una casualidad ni un capítulo más de la promoción de su libro.

Tampoco se trata de caer en teorías conspirativas. Basta con mirar el contexto político en el que aparece.

México vive uno de los meses más accidentados para el gobierno federal desde el inicio del sexenio: problemas acumulados, frentes abiertos, crisis simultáneas en varios estados, desgaste mediático, contradicciones internas y un ambiente social crispado. El gobierno no termina de apagar un incendio cuando ya se encendió otro. En esa coyuntura, López Obrador reaparece.

Con un video breve, medido, pero quirúrgico. Un mensaje que, más allá de la superficie, tiene destino y propósito. Porque lo que dice —y lo que calla— refleja algo claro: vino a poner orden en la casa que él construyó. El expresidente habla de unidad, de principios y de continuidad, pero también deja una señal inequívoca para los suyos: él sigue ahí, pendiente, observando, cuidando el movimiento… y recordando que su figura aún define el rumbo. Delimita además las causas por las que regresaría “a las calles”, como él mismo plantea: justicia, soberanía, defensa del proyecto. Y aquí vale leer entre líneas: si aún no vuelve por completo a la arena pública, es porque sabe que su presencia podría opacar a la presidenta.

López Obrador entiende mejor que nadie el peso de su imagen. Y decide dosificarla. Sin embargo, esa contención es también un mensaje: “No he vuelto… pero puedo volver”.

Y lo dice desde una finca de mas de una hectárea en Chiapas, rodeado de naturaleza, hablándole al país desde la sencillez que él mismo ha convertido en narrativa política. Una escena donde se reconoce acompañado por ayudantía, pero aún así se presenta como el mismo hombre austero que vendió durante décadas. Todo cuidadosamente equilibrado para reforzar su marca personal.

Pero el contenido del mensaje no fue sobre el presente: fue sobre su administración, sus logros, su visión, su combate a la pobreza. Es decir: recordó quién sigue siendo el referente del movimiento.

La lectura política es inevitable: López Obrador intervino porque percibió desgaste en el actual gobierno. El mensaje llegó en el momento exacto en que era necesario levantar el ánimo de los suyos y marcar una advertencia —suave, pero firme— hacia dentro del movimiento. Una señal de que él sigue teniendo el capital moral y político para encender o apagar tensiones internas.

Al mismo tiempo, fue un llamado silencioso a la presidenta Claudia Sheinbaum. Un recordatorio de que en política no basta con ganar la banda presidencial: hay que asirse del poder, ejercerlo y sostenerlo. Y que la sombra del fundador del movimiento seguirá ahí, especialmente cuando él considere que el rumbo está en riesgo.

El video de López Obrador no fue un regreso pleno. Fue algo más sofisticado: una demostración de presencia sin presencia. Un aviso al país y a su movimiento de que su liderazgo no ha concluido. Y una señal de que debemos mantenernos atentos.

Porque el mensaje no solo habla del pasado que él defiende, sino del futuro en el que está dispuesto—si lo considera necesario—a volver a escena.

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