noviembre 30, 2025
Yo no quiero un PAN cómodo: quiero un PAN incómodo para el poder, pero cercano al pueblo

Humildad, servicio y trabajo real: lo que le falta hoy al PAN para estar a la altura del pueblo

Lo digo con respeto, pero también con la sinceridad que estos tiempos exigen: en Acción Nacional necesitamos dejar de ver hacia arriba y empezar, de una vez por todas, a ver hacia abajo.
A ver hacia el México real.
A ver hacia las personas que no salen en fotos ni dan likes, pero que sostienen este país con trabajo duro y silencioso.
Me preocupa —y lo digo porque amo a este partido— que nuestra dirigencia esté atrapada en cálculos, en agendas internas, en tiempos políticos, en negociaciones y en prioridades que poco tienen que ver con la realidad que viven millones de mexicanos.
Y también me preocupa ver a muchos jóvenes panistas soñando únicamente con curules, reflectores y posiciones, como si la política fuera un escenario y no un compromiso con los demás.
La humildad no es una pose bonita ni una frase de discurso.
La humildad es la primera herramienta de liderazgo.
Es el cimiento del buen político.
Sin humildad, todo lo demás es simulación.
Hoy el país necesita que Acción Nacional vuelva a hacer lo que históricamente lo distinguió: servir, escuchar, acompañar y cargar hombro con hombro el peso de quienes más sufren.
No es romantizar la pobreza.
Es reconocer que un partido que no camina entre los pobres no merece hablar por ellos.
Y por eso escribo esto: porque no podemos seguir dejando que Morena se apropie —con mentiras— del discurso social que ellos mismos traicionan todos los días, mientras nosotros parecemos asustados de ensuciarnos los zapatos.
La dirigencia del PAN tendría que entender que la gente no se convence con tweets, ruedas de prensa o spots.
La gente se convence cuando te ve ahí, cuando das la cara, cuando ayudas a resolver lo que el gobierno decidió ignorar.
Se convence cuando ve trabajo real, no aspiraciones personales disfrazadas de servicio.

Una llamada de atención para los jóvenes:
La política no empieza en la foto, empieza en la calle
Quiero decir algo con claridad a muchos jóvenes del partido, aunque incomode:
La política no empieza en San Lázaro, ni en un Congreso local, ni en un consejo nacional, ni en las oficinas de un comité.
La política empieza en las calles, en los barrios, en las escuelas rurales, en las colonias olvidadas.
Empieza cuando te sientas en la mesa de una familia que no tiene luz desde hace meses; cuando ayudas a quien no tiene qué comer; cuando escuchas sin prisas a una mujer que vive violencia; cuando te paras en medio de la realidad que otros prefieren negar.
Un joven que no conoce el dolor del pueblo no puede pretender liderarlo.
Un joven que nunca ha ayudado a alguien que sufre no está listo para representar nada.
Un joven que cree que la política es ascenso rápido nunca será un líder verdadero.
Si de verdad queremos formar líderes panistas, hay que enseñarles que la humildad es el punto de partida, no el adorno final.
Primero se sirve, luego se aspira.
Primero se escucha, luego se habla.
Primero se acompaña, luego se dirige.

No basta criticar: ¿qué deberíamos estar haciendo YA?
No quiero quedarme sólo en la crítica.
Si de verdad creemos en el humanismo político, entonces hay que traducirlo en acciones concretas.
Por eso, desde mi mirada, propongo que la dirigencia del PAN y nuestras juventudes consideren, al menos, este tipo de trabajo:
Brigadas permanentes de apoyo comunitario (no electorales)
Brigadas que no aparezcan solo en campaña, sino todo el año:
• Limpieza y rescate de espacios públicos abandonados.
• Apoyo en escuelas rurales o colonias marginadas con mantenimiento básico.
• Acompañamiento a mujeres en situación de violencia (en coordinación con especialistas).
• Visita a adultos mayores solos o abandonados.
Sin lonas, sin acarreo, sin foto obligado. Solo el logotipo discreto y el trabajo por delante.

Centros o módulos azules de apoyo emocional y orientación
La salud mental y la soledad están golpeando con fuerza a los más frágiles.
Podríamos impulsar, con aliados y voluntarios:
• Espacios sencillos donde la gente pueda hablar, ser escuchada y orientada.
• Canalización con psicólogos, organizaciones civiles, iglesias, universidades.
El partido que ayuda a sanar mente y corazón se gana un lugar en la conciencia de la gente.

Programas móviles de alimentación y apoyo nutricional
No hablo de despensas de campaña, sino de esquemas constantes:
• Jornadas semanales de entrega de alimento básico en zonas olvidadas.
• Talleres de alimentación económica y sana.
• Acuerdos con productores, comerciantes, panaderías, etc.
No es “regalar cosas”, es construir redes de apoyo donde el Estado se hizo ausente.

Tutorías académicas impulsadas por jóvenes del PAN
Las juventudes panistas podrían convertirse en fuerza pedagógica:
• Apoyo en tareas para niños y adolescentes en colonias marginadas.
• Clubes de lectura, regularización en matemáticas, español, ciencias.
• Acompañamiento a jóvenes que quieren seguir estudiando pero no saben cómo.
El día que un niño de colonia popular diga: “yo estudié gracias a los chavos del PAN”, habremos avanzado más que con mil discursos.

Oficinas ciudadanas atendidas con humildad
No “casas de gestión” para fotografías, sino espacios reales donde:
• Se apoye a la ciudadanía con trámites complicados.
• Se acompañe a víctimas a poner denuncias.
• Se registren problemas del entorno y se les dé seguimiento.
Que el PAN vuelva a ser visto como el lugar donde sí te reciben, sí te escuchan y sí te ayudan.

Un sistema azul de acompañamiento a víctimas invisibles
Víctimas de violencia, desaparición, crimen organizado, negligencia médica…
Los olvidados de siempre.
Podríamos:
• Crear redes de acompañamiento jurídico y emocional.
• Documentar casos, darles seguimiento, no soltarlos.
• Estar presentes en momentos críticos, no solo en conferencias de prensa.
Eso construye un prestigio que ninguna campaña puede comprar.

Dirigencia: formar líderes humildes es más importante que colocar perfiles
Por todo esto, mi llamado a la dirigencia del PAN es sencillo pero profundo:
Dejen de ver a los jóvenes sólo como “cuadros” que hay que ubicar en algún cargo.
Empiecen a verlos como personas que necesitan formarse en la realidad y en la humildad.
Un joven que pasa dos años metido en comunidades, ayudando a los más frágiles, sale de ahí con una visión de país que ningún curso de capacitación política puede reemplazar.
Si queremos un PAN fuerte, necesitamos:
• Jóvenes que se formen sirviendo.
• Dirigentes que den ejemplo, no solo línea.
• Estructuras que se organicen para ayudar, no solo para operar elecciones.

Yo no quiero un PAN cómodo: quiero un PAN incómodo para el poder, pero cercano al pueblo
Yo, al menos, no quiero un PAN que exista solo en conferencias, eventos y reuniones internas.
Quiero un PAN que exista en la calle, en las comunidades, en las casas más humildes. Un PAN que se note en las manos que ayudan y en los ojos de quienes recuperan un poquito de esperanza.
Y sí, esto empieza por la humildad: la humildad de reconocer que hemos fallado, que nos hemos alejado del pueblo y que es tiempo de volver.
Si tenemos la valentía de hacerlo, México nos lo va a agradecer. Pero primero hay que atrevernos.

Enrique Dávila Vega

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