Haciendo un análisis de las personas que imparten cátedras o cualquier enseñanza en una institución universitaria, encontramos en ellas diversas cualidades y defectos a considerar, especialmente por la mentalidad observadora del estudiante, que busca en sus maestros el modelo al cual parecerse, desechando los defectos y considerando las cualidades.
A través de una observación detenida de los hábitos de trabajo y enseñanza del profesor universitario, y tomando en consideración un cierto número de factores, clasificaremos al profesorado universitario en cuatro categorías: maestro, cuasimaestro, semimaestro y pseudomaestro.
La primera categoría es la meta a la que todo profesor universitario debe aspirar. Los cuasimaestros son aquellos, que siendo eficientes en la educación del estudiantado les faltan, sin embargo, “aristas que pulir”. Los terceros son maestros a medias; por diversos motivos no cumplen satisfactoriamente su misión; aunque no son por ello condenables, sino quizá son maestros en formación. De éstos debe hacerse una selección dejando sólo a los que prometan superación efectiva.
Y ahora viene la última categoría, la de las imitaciones de maestros, de los falsos maestros. Muchos son irresponsables o faltos de criterio para comprender que no están capacitados para el lugar que ocupan frente al alumnado. Toda institución universitaria debe deshacerse de ellos y colocar a profesores de categoría superior.
CLASIFICACIÓN EN LAS CUATRO CATEGORÍAS…
¿Cuál es el criterio a seguir? Como respuesta diremos que así como fueron escogidas las categorías podemos hacerlo con las “características”, por convención. Como pauta veamos algunas de estas características a observar, entre las muchas que podríamos escoger.
Primera categoría: comprende al Maestro completo. Domina a la perfección sus materias académicas, sabe educar instruyendo y -el alumno lo nota-. No pierde el tiempo. Sabe escuchar al alumno en sus dudas y comentarios “La universidad es un lugar en donde se hacen preguntas”. Su exposición es clara, ordenada y completa.
Segunda categoría: los cuasimaestros; éstos “se parecen” al anterior, pero tienen algunas fallas. pueden ser puntos frágiles en su saber académico; o quizás sabe pero a veces la pereza lo domina. Otro es el que no trata al alumno como debiera hacerlo, aunque tiene demasiado trabajo, y por ello la calidad de enseñanza lo resiente. Otro es el que tiene una exposición carente de métodos, o sencillamente le falta el don natural de la enseñanza.
Tercera categoría: los semimaestros, tienen defectos más grandes en su enseñanza. En esta categoría hay que tener cuidado, ser miembros de ella es veces condenables y otras no. ¿Quién es el semimaestro? Generalmente es aquel cuya preparación académica no responde como debiera ante su clase; o quizá tenga en su saber lagunas a las que “les saca la vuelta”. Algunas veces es un poco perezoso y sus discípulos lo notan, otras, sencillamente no sabe enseñar, pero en éstos algunos se preocupan por metodizar su enseñanza y otros no. En ocasiones es el activísimo profesor que no prepara sus clases y hace exponer al alumnado o hace una exposición improvisada, confiado en sus conocimientos o experiencia.
Todos los de esta categoría deben subir; el catedrático novel debe superarse, porque si se estaciona aquí, puede caer en la cuarta categoría, y esto deben cuidar sus superiores y … despedirlo.
Cuarta y última categoría: es la de aquellos profesores (?) universitarios que no merecen ser llamados maestros, son falsos maestros, irresponsables o ingenuos. No sólo no forman el carácter al estudiante sino que con su mal ejemplo desbaratan el trabajo de los que sí lo son. No desquitan el sueldo. Aquí encontramos al sujeto que acepta una cátedra sin tener los conocimientos necesarios para desarrollarla; además no tiene intención de prepararse. De éstos algunos entretienen al alumno con “tópicos de actualidad”, haciendo gala de su facilidad de palabra (es el “pantalla”), o trata de hacerse admirar hablando y hablando… y desbarrando. Éstos quieren demostrar una cultura que no tienen y lo peor para ellos es que no saben que los alumnos lo notan… ¡y los comentarios que hacen! No les interesa completar un programa. Un modelo de éstos es el que no conoce el reloj, llega y se va de clase cuando le da la gana, o no va (¿y el sueldo…?) No prepara su exposición por negligencia y a veces se hace sustituir por alumnos para no molestarse. No quiere saber nada de lo que el alumno opina, ni escuchar una queja: “si no le gusta, proteste”. Para él, el alumno es un ser que debe soportar algunos minutos diarios, pera sí “ser Profesor”.
Los señores de la cuarta categoría no deben estar en la Universidad, y los directivos de la institución deben localizarlos y deshacerse de ellos. Y si alguno de ellos lee esto, se le sugiere presentar su renuncia, no sea que cuando menos piense sus alumnos se la presenten para que la firme.
Aquí tenemos a los profesores universitarios. En toda universidad mexicana hay de todo. Y el alumnado los conoce… y clasifica; y el mismo alumno en ocasiones pasa a ser profesor y a la vez ocupar su categoría, a veces mejorando, otras estacionado. Pero como decía cierto maestro: “así es la vida y qué le vamos a hacer”.
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(1) Publicado en el periódico estudiantil “El Borrego” del Tecnológico de Monterrey en 1960.

