noviembre 30, 2025
Carlos Manzo pedía protección oficial, estatal y en especial federal para su pueblo, para los uruapenses, para los michoacanos, y para todos los mexicanos por extensión del clamor de seguridad

El asesino material de Manzo está muerto (sólo le aplica la justicia divina) por haber sido a su vez asesinado en el piso. Los informes oficiales dicen que el mandante del asesinato ya está detenido, y que a otros cómplices que de alguna manera intervinieron en la preparación y ejecución del homicidio del alcalde de Uruapan, están detenidos o identificados y que la justicia del asesinato será ejercida. Si se les enjuicia a todos y se les condena, se habrá hecho algo importante en México a favor de la justicia. Pero… falta algo, esencial.

En vida, Carlos Manzo pedía protección oficial, estatal y en especial federal para su pueblo, para los uruapenses, para los michoacanos, y para todos los mexicanos por extensión del clamor de seguridad. Y no le fue concedida, él sabía que era ya un objetivo señalado de muerte, y se jugó y perdió la vida, tal como lo imaginaba. Al pedir protección contra la delincuencia organizada, contra los poderosos cárteles de la droga y de todos sus delitos estaba pidiendo, precisamente, justicia.

Justicia en todo su amplio significado, justicia para la población afectada con muerte, terror, secuestro y desaparición de personas, extorsión en diversas formas, amenazas, control de políticos y de miembros de policías, ladrones de propiedades tanto inmuebles como muebles, de los dineros de quienes los ganan trabajando. Para ellos es para quienes Manzo pidió justicia.

Pero a su muerte, la tan insistentemente pedida justicia para la población ni siquiera había dado el gobierno morenista muestras de la intención de hacerlo, mucho menos que haya comenzado a llevarla a cabo. A Uruapan, a Michoacán, a México, la justicia debida por ley y por simple dignidad que los gobiernos morenistas debían proporcionarle, no ha llegado.

Lo peor de todo es que en vez de ofrecer justicia a los mexicanos, la presidente ofrece lo contrario: que no se puede hacer la guerra a los delincuentes. Con una increíble muestra de pisoteo del Derecho, de la principal obligación de un Estado de dar seguridad a sus gobernados, dijo Sheinbaum que eso es contrario al Derecho, combatir a los delincuentes que aterran a México.

La justicia para los mexicanos debe de llegar, por elemental derecho humano, y su exigencia que fue, es y seguirá siendo de muchos, muchos ciudadanos conscientes o amedrentados o víctimas del delito, en especial del homicidio y desaparición de sus familiares, no solamente de un alcalde que levantaba la voz pidiéndola, exigiéndola.

El clamor por la justicia para México debe seguir siendo no como un grito de guerra ciudadana sino como grito por la paz que merece. Las voces de ciudadanos de a pie, de políticos, de académicos, de líderes sociales, religiosos y comunitarios debe seguir cada vez con más fuerza, exigir al gobierno federal que proteja al pueblo. Y no solamente dentro del país se clama por justicia para México, el clamor viene también de personas, líderes, organizaciones sociales y políticas del mundo, de gobiernos y de organismos internacionales, de la prensa, la academia y las iglesias.

Los grandes sufrimientos del pueblo de México carente de justicia, así como de otros pueblos sojuzgados o en guerras y luchas internas fratricidas o de exterminio racial son clamor de justicia en el mundo. No somos la única nación que sufre el terror, pero sí somos señalados en especial como una de las cuales puede, si se lo propone su gobierno, imponer justicia.

Protección no solamente frente a los poderosos cárteles delincuenciales, sino de mucha más delincuencia que a menor escala también roba, extorsiona, secuestra, viola, asalta, hiere y mata. La delincuencia llamada callejera.

No basta que García Harfuch detenga cabecillas y sus cómplices, destruya laboratorios, que confisque armas, materiales y dinero del narco. Las bandas de sicarios y sus jefes deben de ser neutralizados, el control político detenido y acabado. El homicidio, el secuestro, la desaparición de personas, la extorsión generalizada, el robo, el control de grandes zonas del país, deben ser drásticamente revertidas, y pronto.

Justicia como pedía Carlos Manzo es todo eso, para que los mexicanos podamos vivir en paz. Esa verdadera justicia es lo que queremos todos y que exigimos al gobierno morenista que, por ahora, prefiere voltear a otro lado y no abandonar la política de abrazo, no balazos. México no merece eso, merece seguridad, justicia auténtica.

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