Washington, 20 de noviembre de 2025.
La tarde caía gris sobre la capital estadounidense cuando la Casa Blanca abrió la puerta a un nuevo capítulo de tensión en la relación entre Washington y Ciudad de México. En apenas dos días, declaraciones cruzadas entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, sacudieron el tablero diplomático y pusieron en el centro del debate el combate al narcotráfico y los límites de la soberanía.
Todo comenzó el lunes, cuando Trump, visiblemente molesto durante una rueda de prensa, dejó entrever que no descarta autorizar ataques contra carteles dentro de territorio mexicano. “¿Autorizaría el lanzamiento de ataques en México para frenar las drogas? Por mí está bien”, soltó con su característico desdén. Luego matizó —“no digo que lo vaya a hacer”—, pero añadió que “estaría orgulloso de hacerlo”. La frase resonó inmediatamente en ambos lados de la frontera.
Para el martes, la respuesta desde México era inevitable. Claudia Sheinbaum, en su conferencia matutina, rechazó de manera categórica cualquier posibilidad de que tropas o fuego estadounidense ingresen al país. Recordó que Estados Unidos puede cooperar con información, pero la operación en territorio mexicano corresponde únicamente a instituciones mexicanas. “Nosotros no aceptamos una intervención de ningún gobierno extranjero”, recalcó, marcando una línea roja.
A pesar del choque, este jueves la Casa Blanca intentó proyectar un tono más conciliador… aunque no menos inquietante. Karoline Leavitt, la portavoz presidencial, aseguró que Trump “estudia medidas adicionales” contra los carteles en México. Y, en un giro llamativo, al mismo tiempo alabó los “avances históricos” del gobierno de Sheinbaum en la lucha contra las drogas.
“Han cooperado de manera extraordinaria en los esfuerzos para combatir la inmigración ilegal y el narcotráfico”, dijo Leavitt. Sin embargo, dejó claro que el equipo de Seguridad Nacional “analiza constantemente opciones”, una frase que, en Washington, suele anticipar acciones de mayor presión.
Todo ocurre mientras avanza el operativo Lanza del Sur, la campaña antidrogas con la que la administración Trump justifica la destrucción de más de una veintena de lanchas en el Caribe y el Pacífico, cerca de Venezuela y Colombia. La operación, presentada como un golpe estratégico contra rutas de narcotráfico, ha dejado más de 80 muertos, un número que organizaciones civiles describen como alarmante y opaco.
Así nos acercamos al fin de semana: con México defendiendo su soberanía, Estados Unidos tensando la cuerda y ambos gobiernos afirmando que “colaboran más que nunca”. Entre elogios, amenazas y desmentidos, la relación bilateral atraviesa un nuevo punto de fricción. Y mientras tanto, las aguas del Caribe y el Pacífico siguen siendo escenario de una guerra poco transparente que ya deja víctimas silenciosas.


