En México desde hace 7 años estamos padeciendo un gobierno dictatorial, mentiroso, populista que se ha aprovechado del Poder para dormir a la ciudadanía desde el púlpito del Palacio Nacional. La única verdad es que desde que López Obrador llegó a la presidencia tenemos un gobierno populista. Aunque después en su estrategia para engañar más al pueblo, llamó a su gobierno, el Humanismo Mexicano.
El único Partido Político humanista en México es el PAN, incluso Don Efraín González Luna cuando definió la política del Partido, lo dijo claro y fuerte somos un Partido Humanista. Nos basamos en los cuatro pilares del humanismo político: El respeto a la dignidad de la persona humana, la solidaridad, la subsidiariedad y el bien común.
Todo lo que he leído e investigado me lleva a la conclusión de que los populistas no pueden ser humanistas. Eso es una mentira. Eso es demagogia. “Un humanismo tanto más cuanto no adora al hombre, sino que respeta, real y efectivamente, la dignidad humana y reconoce derechos a las exigencias integrales de la persona” Jacques Maritain. El populismo, en su sentido más estudiado, suele depender de una división simplista y conflictiva entre «el pueblo» y una «élite corrupta», lo que lo aleja del respeto a la pluralidad y la diversidad que promueve el humanismo.
Humanismo sostiene la primacía de las personas sobre las cosas, de la ética sobre la técnica y del espíritu por encima de la materia, decía Manuel Gómez Morín. El humanismo cree en la supremacía del ser humano sobre el Estado y en su deber de colaborar en la construcción del Bien Común, promueve políticas sociales solidarias pero se destaca el subsidiarismo para el Bien Común. Valora la pluralidad, la diversidad y la diferencia como características esenciales de la sociedad. El humanismo busca la unidad en la diversidad y la construcción de espacios de convergencia para todas las personas. Promueve la autonomía, la capacidad de elección y el pensamiento crítico de cada ser humano, en lugar de depender de una figura mesiánica. Pone el énfasis en la protección de las minorías y la promoción de la dignidad de cada persona. Se basa en un marco de respeto por el estado de derecho, la división de poderes y las libertades civiles. Ve la política como un proceso de cooperación y deliberación mutua para el bien común, en lugar de una batalla entre el bien y el mal.
El populismo presenta a la sociedad de forma binaria: un pueblo homogéneo con una voluntad unificada, frente a una élite corrupta. Se centra en la figura de un líder carismático que se presenta como la encarnación de la voluntad del pueblo. Minimiza el papel de las instituciones democráticas. A pesar de que la retórica populista puede incorporar el discurso de los derechos humanos, a menudo redefine o limita su aplicación, especialmente los derechos de las minorías. Esto puede incluir un desdén por los derechos civiles y políticos que son vistos como instrumentos de la élite. Puede ser ambiguo o incluso hostil hacia los sistemas democráticos complejos, prefiriendo mecanismos de democracia directa que favorezcan el poder del líder. Los gobiernos populistas pueden socavar las instituciones democráticas, como la independencia judicial o la sociedad civil, para consolidar su poder.
Por eso este gobierno populista no puede ser humanista.
