noviembre 30, 2025
La cultura tecnológica contra el desastre lleva muchos años para convertirse en rutina aceptada, para reconocer la triste realidad de las estadísticas de muertes y minusvalías por falta de precaución y uso de dispositivos de seguridad

La humanidad aprende “a la mala”. Cuando un riesgo se repite una y otra vez y el desastre otras tantas se hace realidad, se toman medidas de protección, de seguridad. Es el caso de los cascos de motociclistas, que se diseñaron, perfeccionaron y volvieron obligatorios después de que mucha gente se rompió el cráneo o el cuello al caerse o chocar en ellas.

Otro ejemplo ideal es el diseño de los automóviles, incorporan sistemas para proteger a sus ocupantes en caso de colisión o volcadura. Los habitáculos de pasajeros se convierten en estructuras de gran resistencia a la deformación, para que si el resto del vehículo se despedaza, se reduzca el riesgo de muerte de los pasajeros. El frente de los autos se diseña para que tenga una deformación controlada en colisión frontal, las puertas tienen barras de protección y los vidrios son inastillables. Las sillas para niños en autos son protección y en general de uso obligatorio.

Otro elemento vehicular importante son las bolsas de aire. Originalmente frontales, ahora adicionan bolsas que protegen a los pasajeros lateralmente. Todo esto ha venido después de incorporar los cinturones de seguridad (evolucionados de ser de dos puntos a de tres puntos) como en los aviones. Dichos elementos de protección resultaban odiosos a la gente, que se negaba a usarlos, al grado que debió volverse obligatorio por disposición de ley prácticamente en todo el mundo.

Algo similar ocurre con el ciclismo, el patinaje y otros deportes, en los que la protección contra accidentes, caídas, raspones y fracturas ha llegado a ser obligatoria, no sólo recomendable. El diseño de los cascos de futbolistas se ha vuelto más protector.

La maquinaria industrial y las instalaciones eléctricas se han vuelto cada vez elementos altamente protegidos contra choques eléctricos. Las herramientas, manuales o eléctricas, tienen protecciones para reducir el riesgo de accidentes, que alguien se destroce los dedos, por ejemplo. Se utilizan anteojos de alta resistencia para proteger los ojos, y tapones y orejeras para reducir el impacto del ruido de muchos decibeles que harían perder capacidad auditiva.

A mucha gente le disgustan las medidas y equipos de seguridad, les estorban, y la verdad son en mucho incomodidades, pero más les molesta que su uso sea obligatorio, ¿por qué tengo que usar casco, lentes, cinturones y otras zonceras si yo no quiero? Pues porque la sociedad, el Estado, se preocupan por la salud y bienestar de sus ciudadanos, por reducir los índices de accidentes y el costo de la asistencia médica, el pago de prótesis y de reeducación para los cegados por accidentes, por eso.

La cultura tecnológica contra el desastre lleva muchos años para convertirse en rutina aceptada, para reconocer la triste realidad de las estadísticas de muertes y minusvalías por falta de precaución y uso de dispositivos de seguridad, o por falta de mantenimiento y reposición de éstos cuando así lo requieren. Hay incendios destructivos de vidas y haciendas que fueron causados por un flamazo que se quiso apagar con un extinguidor (o extintor) vacío o sin propelente.

“Houston, we have a problem” (Apollo 13). El caso más trágico fue el de los equipos espaciales que se destruyeron o tuvieron serios problemas para traer de regreso a tierra firme a tripulaciones en peligro. Las dependencias encargadas de la investigación espacial tuvieron que revisar y volver a revisar sus diseños, la construcción y mantenimiento de naves y cápsulas tratando de evitar más muertes de astronautas. La filosofía no puede ser otra que estar preparados para evitar el desastre.

Otro caso muy importante es el diseño, construcción, operación y mantenimiento de centrales y equipos que utilizan material radiactivo. En las centrales nucleares, lo que “no puede pasar” ha pasado; las tragedias de Three Miles y Chernóbil son casos particulares, pero pasaron cuando se suponía que todo estaba previsto y nunca ocurriría la tragedia. El manejo y depósito (para cientos de años) de residuos radiactivos no puede fallar, una falla y tendremos el desastre.

La sociedad del siglo XXI debe estar cada vez más preparada psicológicamente para aceptar la cultura tecnológica contra el desastre, imaginar el peor escenario y buscarle solución. Cada vez hay más construcciones (antisísmicas, por ejemplo), más equipos, más máquinas y más juguetes que requieren un diseño contra el desastre. Mejores diseños y normatividad para instalaciones eléctricas, más protección contra la fuerza de los elementos como ciclones y huracanes.

Un aspecto particular de la vida consumista y generadora de desperdicios y basura fuera de toda proporción y capacidad de manejo es el cuidado del medio ambiente. Fugas de materiales tóxicos de pronto envenenan mantos freáticos y poblaciones enteras empiezan a sufrir problemas graves de salud, “antes nunca vistos e inexplicables (?)”. Niños que nacen con problemas congénitos por envenenamiento con metales pesados y otros productos tóxicos y cancerígenos.

En fin, ante el avance tecnológico y la complejidad de la vida “moderna”, como sociedad, las naciones y las personas debemos asumir las posibilidades de riesgo y aprender a reducirlo, sea en probabilidad o en gravedad. Es importante conocer, saber los riesgos, su probabilidad y posible gravedad; aprender a tomar las precauciones que tanto ha costado a la humanidad reconocer, y estar preparados para el desastre. No se trata de vivir en paranoia permanente, sino de adoptar una cultura tecnológica contra el desastre, y así reducir la probabilidad de caer en riesgos menores, simplemente tomando las precauciones debidas y conocidas.

La información es también una protección contra el desastre sin ser un objeto físico. Unos ejemplos son las precauciones y contraindicaciones sobre medicamentos y sus combinaciones, sus posibles malos efectos son protección contra desastres de salud y hasta de vida. Los sistemas de protección de datos en equipos computacionales sirven para evitar pérdidas o robos de información. Los sistemas de alerta de temblores, terremotos y tsunamis son protección de desastres. Igualmente la tecnología meteorológica para alerta de ciclones y huracanes,

Que los sistemas de protección no son infalibles, es cierto, pueden a veces fallar, pero los riesgos de daños o pérdidas de vidas, de salud y de objetos se reduce cuando se identifican los riesgos y se pone la tecnología al servicio de la seguridad.

En nuestro medio, debemos reeducarnos para desaparecer el desprecio por las medidas de seguridad. Muchas veces este desprecio no es más que una forma de machismo muy mal entendido, que supone ser “de machos” el correr riesgos y la falsa seguridad de que “eso no puede suceder”, o de “a mí no me va a pasar”. ¿Frenos en mal estado? me vale, ¿errores de obra civil o electromecánica? ¡no pasa nada! Lástima, porque sí pasa, ha pasado y debemos evitar en lo posible que pueda pasar de nuevo.

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