noviembre 30, 2025
, Donald Trump no es solo un político: es el instrumento emocional del poder invisible.

Desde NY hasta California se adivina el poder invisible.
En el trasfondo de las victorias y derrotas que marcaron la jornada electoral de 2025 se mueve un actor silencioso pero determinante: el poder invisible.
No aparece en los boletines de prensa ni en las cifras del voto; no se sienta en los congresos ni hace mítines. Sin embargo, opera como un sistema adaptable, líquido y omnipresente, que migra, se alquila o invierte allí donde percibe riesgo para sus intereses.
El poder económico usa el poder invisible.
Este poder —que en términos micropolíticos constituye la estructura inconsciente del poder económico— no pertenece a un solo grupo, sino a una constelación de actores: grandes corporaciones, fondos de inversión, dueños de medios, plataformas digitales, líderes religiosos, celebridades y empresas tecnológicas.
Su fuerza no radica en el control formal, sino en la capacidad de manipular percepciones, construir narrativas y moldear identidades.
Es el poder que trabaja sin ser visto, pero cuyos efectos están en todas partes: en las decisiones económicas, en las agendas mediáticas, en los algoritmos que moldean la opinión pública y en los miedos colectivos que se siembran con precisión quirúrgica.

El poder invisible no gobierna.
Podríamos decir que el poder invisible no gobierna, sino que induce a tener actitudes y luego conductas.
No dicta leyes, pero decide los límites de lo posible en las mentes de los gobernados.
Cuando los que ejercen ese -poder invisible- sienten que sus privilegios corren peligro, activa su maquinaria simbólica: financia campañas, redefine discursos, reordena emociones y compra tiempo.
Es, en esencia, un poder adaptativo, que se reinventa bajo la apariencia del mercado, la fe o la libertad.

Trump es el instrumento del poder invisible.
En este contexto, Donald Trump no es solo un político: es el instrumento emocional del poder invisible.
Su habilidad no está en gobernar, sino en movilizar pasiones primitivas, en transformar el descontento en espectáculo y el miedo en identidad. A quien le quepa duda, basta observar la cautela con que buena parte de la prensa se refiere a su gobierno, o las tácticas de intimidación dirigidas contra quienes parecen migrantes mexicanos. El trumpismo no ofrece orden: ofrece pertenencia. No ofrece metas: ofrece caminos. No ofrece destinos: ofrece viajes.
Su discurso “nosotros contra ellos” es el cemento emocional de una comunidad que se siente elegida y amenazada a la vez.
Un gobierno de millonarios para millonarios.
Desde su primera toma de posesión fue evidente que su administración sería un gobierno de millonarios para millonarios, “son ellos quienes ponen en movimiento ese poder invisible”. La reducción de impuestos a las grandes fortunas, la desregulación financiera y la complacencia hacia las corporaciones fueron señales inequívocas de que la política económica serviría al poder invisible, no al ciudadano común.

El show debe seguir.
Por eso, cuando la economía tambalea o la política se vuelve predecible, Trump busca la agitación, no la estabilidad.
Su energía proviene del conflicto: necesita enemigos, crisis, escándalos: el show debe continuar. Cada confrontación alimenta la fe de sus seguidores y refuerza el ecosistema mediático que lo sostiene, alejando al público de la reflexión y la racionalidad.
Su liderazgo no administra: perturba.
Y en esa perturbación, los intereses ocultos encuentran su mejor guarida.

LA LECCIÓN MICROPOLÍTICA ES CLARA
El verdadero poder del siglo XXI no se ejerce con tanques ni decretos, ni con policías antimotines o cortes que representen la ley y la justicia, sino con emociones administradas, identidades fabricadas y narrativas programadas, mientras el ciudadano común permanece ajeno a ello.
Frente a ese poder invisible, las democracias deben redescubrir el sentido de comunidad y reconstruir los espacios donde el poder vuelva a ser visible, discutido y humano.
Quienes se consideren partidarios de la democracia deben reinventarse, educándose mutuamente para percibir las nuevas tácticas y estrategias de sus adversarios.

About The Author