Hoy los agoreros del desastre especulan que México podría sufrir una revuelta social, aprovechando que se juntaron las calamidades: La revelación del macro fraude conocido como huachicol fiscal cuando la deuda crece en forma geométrica y los funcionarios implicados andan libres y de buen humor. La captura del ex jefe de la policía tabasqueña que resultó ser el jefe del cártel tabasqueño ‘La Barredora’, y quien gobernaba sigue siendo el jefe en el Senado de la República. Las protestas con cierres de carreteras por los agricultores exigiendo apoyo al campo. Las inconformidades de algunos inversionistas por la conformación del nuevo Poder Judicial. El fracaso del nuevo sistema de salud. La violencia rampante que padece todo el país. Los diez alcaldes en funciones muertos a manos de los delincuentes y las declaraciones del tal Bukele condenando la actitud de la presidenta Sheinbaun.
Si a esto sumamos la ‘oferta’ del vecino Trump de enviar tropas para combatir al narco hasta desaparecerlo, da pie a que los analistas políticos y el grueso de la población echen a volar la imaginación, pero imaginar sintiendo temor nos vuelve temerarios.
La historia registra hechos dramáticos como que un ridículo número de soldados europeos pudiera vencer al gran Imperio Azteca. Eso lo consiguió el invasor Hernán Cortés gracias a sus alianzas con varios pueblos indígenas.
Otro hecho inextricable se dio cuando Estados Unidos nos invadió, pues en 1847 el presidente Santa Anna se puso al frente del ejército, saliendo de la Capital para enfrentar a los gringos, dejando en el poder en forma interina a Gómez Farías, algo que ya había sucedido tres lustros antes, en 1833.
Pero ahora Gómez Farías intentó intervenir los bienes de la Iglesia para financiar precisamente, la defensa contra la invasión norteamericana, y eso dividió a los mexicanos de la época.
Una de las respuestas fue que en pleno fenómeno divisionista, se levantó en la Capital un grupo amplio de jóvenes hijos de familias bien acomodadas–les decían polkos porque gustaban de la polka- desconociendo a Gómez Farías, y Santa Anna hubo de regresar a destituir a Gómez Farías para apaciguar la Capital, pero dejó el camino libre al ejército norteamericano que hizo cera y pabilo con Monterrey y demás entidades que atravesó hasta llegar a la Capital.
Y así en forma recurrente, nos hemos dividido cuando enfrentamos peligros exógenos, como hoy ante las amenazantes figuras de Trump y del tal Bukele, personajes que sufren del mismo dolor, es decir, de ideologías similares.
A donde voy es que plantear ahora el aceleramiento del proceso de Revocación de Mandato -como comienza a especularse-, podría ser aprovechado por López Obrador para convertirse en un nuevo Santa Anna y regresar por sus fueros, pues ya hemos visto cómo se modifica el marco legislativo en un santiamén con la mayoría calificada que él maneja en el Legislativo.
Tal vez no sean demasiados los mexicanos dispuestos a apoyarlo como se apoyó a Santa Anna, pues Sheinbaun ha avanzado en su popularidad, pero nos volveríamos a dividir y quedaríamos inermes para enfrentar -ya abiertamente de cara a una revuelta política de esa magnitud-, una nueva invasión venida del norte… o del sur.

