noviembre 1, 2026

¿Y si la idea es pudrir al INE para reemplazarlo? : Gustavo Vicencio

“Piensa mal y acertarás”

Dicho popular

      Reflexionemos disruptivo. Hay una forma de destruir una institución sin atacarla de frente: dejar que se pudra y esperar a que la gente pida que la tiren. Es más barata que cualquier reforma y deja menos huellas. Vale la pena preguntamos si eso es lo que está pasando con el INE. Recordemos lo que costó construirlo. Hasta 1990 las elecciones las organizaba el gobierno, y la Comisión Federal Electoral la presidía el secretario de Gobernación. Tras la caída del sistema de 1988 nació el IFE, todavía con el gobierno sentado a la mesa. Nunca hay que olvidar que quien tiró el sistema fue Manuel Bartlett, hoy un prominente morenista. Hicieron falta la ciudadanización de los consejeros y la reforma de 1996 para sacar al gobierno del Consejo General. Con ese árbitro llegó la alternancia democrática en el 2000, terminando la hegemonía del partido oficial. En 2014 llegó el INE y el triunfo de Morena en 2018. El oficialismo regresó con nuevas siglas gracias a la institución que hoy quiere rehacer.

      Su primer intento fue frontal: convertir al INE en un Instituto Nacional de Elecciones y Consultas. Fracasó en la Cámara de Diputados en marzo de 2026, pero sigue latente, porque Sheinbaum dijo que no soltaría la esencia de la propuesta. Mientras tanto, Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE en abril de 2023, en un proceso dominado por la mayoría oficialista. Desde entonces, según la prensa, el instituto vivió nombramientos unilaterales, choques con  el Consejo General, indicios de nepotismo y señalamientos de corrupción. Este 25 de octubre Taddei anunció su renuncia, en medio de reportes de conflicto de interés por los vínculos de su familia con un empresario ligado a varios proveedores del INE y de los institutos locales, y con una investigación de la ASF de por medio. Y aquí la pregunta: ¿es casualidad que el árbitro llegue a 2027 desacreditado justo cuando el oficialismo no ha renunciado a su reforma? No hay pruebas de que el deterioro haya sido buscado intencionalmente. ¡Qué va! Pero, un INE sospechoso de opacidad es el mejor argumento para quien quiere “limpiarlo” a su manera.

      Hay que ser realistas: en San Lázaro, la oposición no decide quién será la nueva presidente. Y si el oficialismo no alcanza las dos terceras partes, la ley manda a un sorteo entre los aspirantes de la lista. Por eso la pelea no está en la votación final, está antes: en los cinco integrantes del Comité Técnico de Evaluación, de los cuales tres los nombra la Junta de Coordinación Política que preside Monreal, y en la quinteta que ese comité entregue. Ahí es donde la ciudadanía debería estar presente y muy activa. La respuesta es la Resistencia Civil, Activa y Pacífica (RECAP) que Maquío la puso en práctica: organizada, visible, constante y sin violencia.

      ¿Qué podríamos hacer los ciudadanos?:

  • Exigir que los nombres del comité y sus criterios de evaluación sean públicos antes de que empiece a trabajar, y vigilar cada paso.
  • Hacer una auditoría ciudadana de cada aspirante: trayectoria, vínculos partidistas, conflictos de interés. Publicarla antes de que se cierre la quinteta.
  • Presionar con firmas, cartas y presencia pacífica frente al Congreso y las juntas locales del INE, con una consigna única: ningún nombre a modo en la lista.
  • Solicitar por transparencia los contratos y licitaciones del INE, y publicar lo que se encuentre. Si no se consiguen, denunciarlo.

      Lo que debería hacer la oposición:

  • Hablar con una sola voz: PAN, PRI y MC deben presentar un perfil mínimo exigible y exhibir públicamente a cada aspirante que no lo cumpla.
  • Usar la tribuna, la prensa y los recursos legales a su alcance para denunciar cualquier proceso amañado, y negarse a legitimarlo con su presencia si es una simulación.
  • Poner abogados, recursos y redes al servicio de las organizaciones ciudadanas. Partidos y ciudadanía deben coincidir en acciones para ser más eficaces.

      La meta no es cambiar a una persona. Es ciudadanizar al INE otra vez: consejeros elegidos por mérito y no por cuotas de bancada, un órgano de control interno independiente y un blindaje real del servicio profesional de carrera. El INE de antes no era perfecto, pero era mil veces más confiable y no lo controlaba el oficialismo. Si no lo exigimos nosotros, lo reformarán ellos, y no será para hacerlo más ciudadano. Eso seguro. Es ahora o después será demasiado tarde.

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