octubre 23, 2026

Falta de oficio político de Romero Herrera, apoya y lo rechazan trabajadores del IMSS

La imagen de ayer frente a las oficinas centrales del IMSS en la Ciudad de México resume la crisis de legitimidad que atraviesa la política frente al sistema de salud.

Por un lado, Jorge Romero Herrera y un grupo de diputados del PAN se plantaron frente al instituto con un reclamo que es difícil de rebatir: falta de medicamentos, carencia de insumos básicos, instalaciones deterioradas en clínicas y hospitales, y déficit de médicos y personal. Es una denuncia que no es nueva ni partidista. Es la misma que todos los días hacen pacientes en salas de espera, y los propios médicos y enfermeras en quirófanos sin material.

El PAN llegó a ese punto para decir que apoyaba al personal médico, de enfermería y técnico. Hasta ahí, el acto era una protesta legítima y esperable de una oposición.

Pero lo que siguió es lo que le da el giro político a la historia. Lejos de recibir apoyo, los legisladores fueron rechazados por los propios trabajadores del IMSS que salieron a gritarles «traidores». No los vieron como aliados, los vieron como oportunistas.

Y ese rechazo no se puede ignorar.

Para muchos trabajadores del Seguro Social, el PAN que hoy reclama por el deterioro del IMSS es el mismo partido que durante sexenios anteriores impulsó recortes, subrogaciones y un modelo que precarizó al personal. Para ellos, el discurso de ayer suena a uso político de una crisis que ellos viven todos los días, no solo cuando hay cámaras.

El episodio deja dos lecciones incómodas para todos.

Primera, para el gobierno y la dirección del IMSS: no basta con descalificar la protesta como un acto partidista. Si los trabajadores tienen que gritar para defender su institución, pero a la vez padecen la falta de guantes, de medicamentos oncológicos o de elevadores que funcionen, el problema de fondo sigue sin resolverse. La legitimidad no se gana por el rechazo a la oposición, se gana surtiendo las farmacias.

Segunda, para la oposición: no se puede llegar a defender al IMSS como si no hubiera historia. El personal de salud tiene memoria. Si se quiere ser un interlocutor creíble en materia de salud, se necesita más que una manta frente a las oficinas centrales. Se necesita una propuesta seria, con presupuesto, con modelo de contratación y con autocrítica sobre lo que no se hizo cuando se tuvo el poder.

Lo ocurrido ayer frente al IMSS no fue una victoria para nadie. Fue la muestra de un sistema de salud agotado y de una clase política que, de ambos lados, aún no encuentra la forma de hablar con quienes realmente sostienen los hospitales: sus trabajadores.

El grito de «traidores» no debe hacer que se olvide el otro grito, el que no se escuchó en la calle pero se escucha en cada clínica: faltan medicinas, faltan insumos y faltan manos.

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