octubre 18, 2026

Los halcones andan sueltos: Andrés Amaro

​​Un fantasma recorría Europa. Era la rabia de los jóvenes por los bajos salarios, la falta de acceso a la vivienda, los recortes al gasto educativo, la corrupción privada y pública respecto a las políticas de cuidado al medio ambiente. La furia estaba ghosteada. Pero se  sacó de encima la sábana. Y salió a las calles en Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia, Portugal.

New York Times ensayó una denominación cursi para definir este momento: “Otoño de Descontento”. No pegó. El periódico estadounidense tuvo solo un acierto: es otoño. Faltaba más. Pero no hay descontento; es ira. 

Se trata de un desacuerdo profundo. Puede ocurrir que haya generaciones que en su momento no expresaron la divergencia y la guardan como resentimiento.

En la mesa de discusión de los  gobiernos europeos sobre cómo afrontar la crisis, ha prevalecido la alternativa de los halcones: reprimir.  Este sábado 17, durante protestas, hubo vandalismo y hurtos en París incluso contra comercios, algunos emblemáticos del lujo, como Galerías Lafayette. Es bueno mirar bien antes de juzgar: pudo tratarse de una maniobra de Policía o de la Seguridad Interior en Francia para calumniar al movimiento y desmovilizar.

Del lado de las causas se encuentra el debilitamiento del Estado de Bienestar. Y que se haya instaurado una descarnada política económica de mucha sofisticación conceptual pero que al final significa que cada quien le haga como pueda. 

La ingenuidad de la Política Exterior europea, que la condujo a suponer aliado a EU, ha extremado el descuido hacia la población. EU presiona hoy a Europa para que incremente la proporción de su gasto militar respecto al PIB. Como condición para preservar la OTAN. Eso implica reducir el presupuesto de Salud, Educación, Vivienda y otros renglones sociales. 

En Alemania la presión del factor militar es peor. Ese país aceptó participar en la guerra proxy de la OTAN, a través de Ucrania, contra Rusia. Ahora se ve precisado a reactivar suServicio Militar. Los políticos pretenden que los jóvenes paguen por su estolidez. Por eso ellos han tomado las calles.

Las protestas tienen una marca de generación. Los jóvenes asumen que existen aspectos del bienestar a los que tienen derecho como seres humanos y les enoja no contar con ellos. Es notable además que las protestas no postulen un planteamiento ideológico preponderante. Puede ocurrir que el escepticismo resulte más eficaz contra el establishment que proclamar una convicción.   

En México, la inconformidad latente de los jóvenes casi se puede tocar. Es consecuencia de décadas de suponer que los beneficios de apoyar al Poder Económico se derramarían hacia la población. No hubo siquiera escurrimientos. Las políticas sociales de los últimos años se han orientado a atenuar esos nocivos efectos. Pero pueden haber llegado tarde.

Los jóvenes no se creen la narrativa que nos comimos los demás. Que echarle muchas ganas define tu futuro. Los jóvenes desean trabajar sólo lo que corresponda por la retribución que reciben. Solo tendrían entrega a una empresa si la empresa es suya.

Los gobiernos, especialmente en nuestros países, requieren apreciar la complejidad del problema que viene. En cualquier parte del mundo siempre hay alguien que, en el contexto de una crisis social, se acerca al tomador de decisiones y le dice: “Yo te arreglo ese problemita”. Para después dejar un tiradero. Literal: un tiradero de personas. Es el halcón, el partidario de la violencia gubernamental en el cuarto de crisis. 

Por eso es necesario que quienes tengan halcones los usen solo para exhibición. Lo dice el dicho: “cría halcones y te sacarán los ojos”. ¿Que son cuervos? Ya no. Quedaron tuertos.

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