La RECAP como antídoto contra el oficialismo: Gustavo A Vicencio
“No os pido que lo derroquéis, sino solamente
que no lo sostengáis más, y lo veréis caer por su propio peso”
Étienne de La Boétie
Revisando los archivos del CEDISPAN encontré que la Resistencia Civil Activa y Pacífica (RECAP) viene siendo una estrategia a considerar por el PAN desde 1981. En ese año se organizó un seminario sobre RECAP con una convicción que hoy adquiere una vigencia clara: la democracia no se sostiene solamente con elecciones, sino con ciudadanos conscientes, organizados y dispuestos a defender su libertad frente a los abusos del poder, todos los días del año, con o sin elecciones. Han pasado 45 años y las lecciones de aquel documento merecen salir de los archivos para convertirse nuevamente en una guía de acción ciudadana. México enfrenta un escenario preocupante. El oficialismo concentra un poder político que ha acabado con los contrapesos democráticos. Amo y señor de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de una autoridad electoral cuya autonomía e imparcialidad quedaron en el pasado. A ello se suma la impartición de una justicia selectiva: severa con los adversarios y tolerante con quienes pertenecen al círculo del poder. Cuando las instituciones dejan de ser árbitros imparciales y se convierten en instrumentos políticos, la democracia corre el riesgo de conservar sus formas mientras pierde su esencia.
El seminario de 1981 ofrece una respuesta: la sociedad no debe resignarse, cruzarse de brazos ni esperar que una elección resuelva todos sus problemas. El documento establece nueve principios fundamentales: respeto absoluto a la dignidad humana, verdad por encima de todo, combate a la maldad y no a las personas, rechazo al odio, solidaridad, responsabilidad compartida, lucha pública, acciones constructivas y congruencia entre los medios y los fines. No se trata de una invitación a la violencia ni a la revancha partidista. Es precisamente lo contrario: una estrategia para recuperar la libertad sin reproducir los vicios que se combaten.
Una de sus ideas centrales es que el poder depende, en buena medida, de la cooperación de la sociedad. El ciudadano que acepta la injusticia como algo inevitable, que guarda silencio por conveniencia o que renuncia a participar termina fortaleciendo aquello que dice rechazar. La RECAP recupera la reflexión de Étienne de La Boétie sobre la servidumbre voluntaria: los abusos se perpetúan cuando una sociedad se acostumbra a obedecer, olvida su libertad y permite que el gobernante actúe sin límites. La resistencia civil propone tres niveles de acción: protesta, no cooperación e intervención. Esto significa denunciar públicamente las injusticias, retirar de manera pacífica la colaboración que las sostiene y participar directamente en los procesos que se pretende transformar. Todo ello exige organización, capacitación, objetivos concretos, disciplina y perseverancia. ¿Las tenemos hoy? No basta con indignarse en redes sociales, compartir una denuncia o expresar descontento en una conversación privada. La inconformidad necesita convertirse en acción colectiva, sostenida y eficaz.
En el año 2026 estas enseñanzas pueden traducirse en una agenda ciudadana: documentar y denunciar abusos; defender la libertad de expresión; exigir transparencia y rendición de cuentas; organizar observatorios ciudadanos; acompañar a las víctimas de injusticias; promover la participación comunitaria; vigilar los procesos electorales y ejercer presión pública, pacífica y constante para exigir instituciones independientes. También corresponde a los partidos de oposición recuperar su responsabilidad histórica. No pueden limitarse a competir por cargos ni esperar que el desgaste del oficialismo les entregue el poder. Deben acompañar a los ciudadanos, construir organización territorial, formar liderazgos y ofrecer causas concretas que convoquen a la sociedad.
El seminario advertía, además, que la lucha no termina con una victoria electoral. Una democracia auténtica requiere una ciudadanía capaz de defenderla, sobre todo, cuando un partido trate de eliminarla. El mayor peligro no es solamente que un gobierno acumule poder, sino que los ciudadanos terminen convencidos de que nada pueden hacer para detenerlo. Frente a esa amenaza, la pasividad se convierte en complicidad involuntaria y la resignación en terreno fértil para el autoritarismo. Recuperar la Resistencia Civil, Activa y Pacífica no significa desconocer la ley ni abandonar las vías institucionales. Significa utilizar todos los recursos legítimos de participación y presión ciudadana cuando los mecanismos ordinarios resultan insuficientes. El mensaje de 1981 sigue siendo extraordinariamente vigente: necesitamos una sociedad libre, organizada, disciplinada y valiente, capaz de instaurar la democracia y defenderla después.
Porque el poder puede conquistar instituciones, pero no podemos permitir que se adueñe de la conciencia de los ciudadanos. Y cuando el poder deja de escuchar, la ciudadanía tiene la obligación moral de hacerse escuchar.
