octubre 11, 2026

Las palabras de la radicalización

En la celebración de los 15 años de la fundación de Morena, varios oradores hablaron del “injerencismo” y “traición a la Patria” como colofón al nuevo “fascismo”

Se dijo la semana pasada en este espacio que AMLO, a través de su larga letanía virtual, había autorizado a Morena el uso de la definición de “fascismo” y “fascista” para referirse a la oposición en México. Dicho y hecho.

En la celebración de los 15 años de la fundación de Morena, varios oradores hablaron del “injerencismo” y “traición a la Patria” como colofón al nuevo “fascismo” y “actitudes fascistas” de la oposición. La decisión de AMLO, de la presidenta y de la dirigencia de Morena de radicalizar su confrontación con la oposición, justo al inicio del proceso electoral 2027, se condensa en el uso del calificativo de “fascista” para definir a la oposición.

Acusar de “fascista” a la oposición tiene el propósito de tratar a todas sus organizaciones políticas como un único objeto de odio, ignorando las diferencias políticas e ideológicas que existen entre ellas. Al mismo tiempo, ese trato generalizado a toda la oposición no es una definición neutral. Morena da un salto retórico de extrema gravedad.

El fascismo, en sentido de su definición histórica, ha sido catalogado como una fuerza cuyos rasgos son el ultranacionalismo, la mistificación de un pasado glorioso aunque sea inventado, el culto al líder y el militarismo, la supresión del pluralismo, la eliminación a la tolerancia al disenso y la persecución implacable a los “enemigos internos”.

Cuando Carmen Aristegui escuchó que AMLO le endilgó la definición de “fascista” a la oposición en México, afirmó con toda exactitud: “AMLO, mírate en el espejo”.

El aplicar universalmente el concepto de “fascismo” a la oposición lo transforma de fuerza opositora a adversaria. En esas condiciones el adversario es considerado como una amenaza existencial al orden político existente. Y una amenaza existencial requiere un tratamiento de extrema dureza. Así las cosas, esta definición justifica acciones extremas del gobierno en su trato con la oposición. Es el signo de la radicalización.

En el terreno de la competencia electoral, la acusación a la oposición de “ser fascista” tiene el propósito de su deslegitimación al plantear que “no son contendientes, sino adversarios a los que hay que liquidar porque son “enemigos de la democracia”. La lucha contra el “fascismo” justifica, por tanto, la toma de medidas extraordinarias y urgentes de control sobre los órganos electorales para asegurar que “ellos” nunca ganen una elección.

El uso del presupuesto público para la compra de votos es defendido como un gesto en defensa de la democracia, incluyendo un endeudamiento público excesivo, siempre y cuando sea para defender “la democracia”.

El “peligro” del fascismo también justifica la toma de medidas excepcionales y urgentes como la declaratoria de estados de excepción o de emergencia, leyes especiales para restringir expresiones públicas consideradas “nocivas” para la democracia, incluyendo la proscripción de partidos políticos, detenciones, censura a medios de comunicación y la intervención o la desaparición de órganos autónomos.

El autoimpuesto miedo a la amenaza del advenimiento del fascismo le sirve a Morena para movilizar a sus bases sociales. No hubo mejor ejemplo de ello que los discursos en la fiesta de los 15 años de Morena. Con sus palabras, los dirigentes alternaron entre la denuncia a la oposición traidora e injerencista teñida de corte fascista, y el miedo a su avance si se quebraba la unidad interna de Morena.

La intención de radicalizar a las bases morenistas tiene el propósito del cierre de filas y desalentar las fugas y rupturas internas. Sheinbaum y su partido están aislados en la escena internacional. La búsqueda de aliados “antifascistas” a nivel internacional se estrecha y se reduce, con la posibilidad de dos derrotas de aliados al hilo: Lula, en Brasil, y Sánchez, en España.

¡España! ¿Quién lo hubiera pensado, después de tanto insulto proferido por AMLO, Sheinbaum y Morena a España? Ahora resulta que es un último aliado a punto de caer. México, por tanto, se encuentra en una condición de aislamiento internacional extremo, lo cuál hace poco creíble su viraje “antifascista en defensa de la democracia”.

Para justificar sus acciones, debe controlar la narrativa pública, que va más allá de la mañanera. Necesita controlar medios de comunicación, redes sociales, las expresiones del mundo académico y, adicionalmente, al poder Judicial para imponer su voluntad y las fuerzas de seguridad, por si hace falta mayor imposición más allá del orden judicial.

Este gran andamiaje de control es necesario para enfrentar las críticas y movilizaciones sociales al querer imponer su voluntad con probables acciones de fraude electoral. De darse este escenario en 2027, habrá un desconocimiento social para con las instituciones que avalen resultados tergiversados, junto con movilizaciones ciudadanas contra el fraude y revueltas sociales consecuencia de resultados cuestionables.

El conflicto mayor podría venir de la acusación, que ya se escucha, de que la oposición apoya la intervención extranjera en el proceso electoral. Ello justificará acciones extremas del gobierno para reprimir las protestas y buscará justificar asus acciones represivas por la “amenaza a la soberanía de la Patria” auspiciada por los “traidores de la Patria” identificados como fascistas. La radicalización pretende ser antídoto al avance del llamado injerencismo.

Un escenario extremo servirá como justificación para realizar acciones severas contra los opositores. Será más que justificado si existe un rival importante que es visto como una amenaza a la permanencia en el poder de Morena.

Este complejo escenario permitirá al gobierno recurrir a la utilización del aparato estatal para investigar, judicializar, multar, clausurar medios, espiar a la oposición y llevar a cabo represión y encarcelamiento. Todo esto con la justificación de que son “fascistas” y que el gobierno de Morena, como garante, está obligado a poner a buen resguardo la democracia.

El lenguaje utilizado por AMLO y Sheinbaum, y secundado por líderes de Morena, sobre fascismo, injerencistas y traidores a la Patria construye la justificación de la ruta que derivará en acciones mayores de represión y control social. Sus palabras abren las puertas a la radicalización y a todos los peligros que entraña.

POR RICARDO PASCOE PIERCE

COLABORADOR

riardopascoe@hotmail.com

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *