Francia protesta, México se adapta: ¿Por qué?
Las noticias de Francia me hicieron pensar en México.
Miles de estudiantes franceses han salido a las calles para protestar por escuelas deterioradas, falta de maestros, grupos saturados y falta de recursos y temor a nuevos recortes. Pronto se les sumaron padres, profesores, sindicatos y trabajadores. Una inconformidad educativa comenzó a transformarse en una protesta nacional.
Y me hice una pregunta incómoda:
¿Por qué en México, donde muchos de esos problemas existen en condiciones iguales o incluso peores, no ocurre algo semejante?
No tengo una respuesta. Tengo hipótesis.
¿Será la educación? No solamente cuántos años pasa una persona en la escuela, sino cuánto aprende a organizarse, participar y exigir. ¿Será que las personas con menos escolaridad son másvulnerables a ser manipuladas por los gobiernos y otras instituciones?
¿Será la cultura política? Francia tiene una larga tradición de huelgas, movimientos estudiantiles y movilizaciones callejeras. Protestar forma parte de su manera de relacionarse con el poder.
¿Será que los franceses cuentan con mejores organizaciones para transformar el enojo individual en acción colectiva? Sindicatos, asociaciones estudiantiles y organizaciones civiles permiten que muchas inconformidades aisladas terminen hablando con una sola voz.
Pero hay otras posibilidades que me parecen particularmente interesantes en México.
La familia, los amigos, el compadrazgo y la economía informal frecuentemente ayudan a resolver privadamente lo que las instituciones no resuelven. Quizá hemos desarrollado una extraordinaria capacidad para adaptarnos.
Y hay una hipótesis que merece estudiarse: la emigración.
Durante generaciones, millones de mexicanos inconformes con sus oportunidades no tuvieron que enfrentarse necesariamente al sistema para intentar cambiar su vida. Tuvieron otra posibilidad: irse, principalmente a Estados Unidos.
¿Ha funcionado la emigración como una enorme válvula de escape social? ¿Se ha marchado también una parte de esa población dispuesta a arriesgarse, inconformarse y buscar algo diferente? ¿Las personas con más capacidad para organizarse y protestar se fueron?
No lo sé. Es una pregunta, no una afirmación.
Existe además una diferencia política importante. La inconformidad por sí sola no crea una alternativa. Hace falta alguien capaz de reunir demandas diferentes, organizarlas y convertirlas en una opción creíble. México tiene oposición política, pero eso no significa necesariamente que quienes están inconformes encuentren en ella un vehículo para expresarse. ¿Será entonces que los partidos de oposición no han logrado construir la capacidad, la visión o la credibilidad necesarias para articular esas inconformidades?
Desde la Micropolítica encuentro otra manera de plantear el problema.
La inconformidad no es poder.
Puede haber millones de personas inconformes y, sin embargo, muy poco poder para modificar decisiones.
El poder aparece cuando esa inconformidad logra organizarse, construir alianzas, encontrar liderazgo y finalmente influir en la conducta de quienes toman las decisiones.
Francia parece disponer de eficaces convertidores de inconformidad en poder.
México quizá posee tanta inconformidad como Francia, pero una parte se dispersa, otra se adapta, otra encuentra soluciones familiares, otra emigra y otra simplemente aprende a vivir con aquello que no puede cambiar. Dicho de otra manera, quizá no exista una sola respuesta, sino varias que actúan al mismo tiempo.
Pero también debemos admitir la posibilidad de estar mirando mal el fenómeno. México protesta. Maestros, estudiantes, mujeres, campesinos, trabajadores y comunidades indígenas se movilizan constantemente. Quizá la diferencia no sea ausencia de protesta, sino fragmentación: muchas protestas que difícilmente se convierten en una fuerza nacional acumulativa.
Por eso la comparación entre Francia y México no conduce todavía a una respuesta.
Conduce a una pregunta que me parece mucho más importante:
¿Cuándo la capacidad de adaptación ayuda a una sociedad a sobrevivir y cuándo termina ayudando al poder a evitar las consecuencias de sus propias fallas?
*Alfredo Cuéllar es autor de Micropolítica: El poder invisible en la vida cotidiana de las organizaciones. Utiliza herramientas de inteligencia artificial como apoyo en la investigación y redacción de sus textos y asume plenamente la responsabilidad por su contenido.
