septiembre 30, 2026

Morena renunció a gobernar Nuevo León: Vito Saint Germain

Morena tenía una oportunidad que no se presenta a menudo ni a la vuelta de la esquina: un gobernador desgastado, un estado cansado de la frivolidad de él y de su esposa, quien además perfila para sucederle en el cargo, y una oposición desprestigiada y reducida a sectores. Tenía, sobre todo, la posibilidad de elegir a una buena candidata o a un buen candidato. Pero Eligió a la mejor perdedora que se haya visto en una elección a la gubernatura en mucho tiempo. Con la designación de Clara Luz Flores como coordinadora de la defensa de la transformación —eufemismo de candidata a la gubernatura en 2027—, el partido oficial no optó por ganar ni porgobernar: escogió para repartir cuotas.

Flores fue tres veces alcaldesa de Escobedo, diputada federal desde 2024 y funcionaria de la Secretaría de Gobernación, de donde salió para inscribirse en la contienda interna. Nadie le niega oficio político. No lo hizo nada mal como alcaldesa. Pero como candidata de Morena en 2021 perdió frente a Samuel García por mucho, sin lugar a dudas, por mentir. 

Aquella campaña naufragó por el caso NXIVM, es decir por su cercanía con la organización de Keith Raniere, condenado en Estados Unidos por delitos de explotación sexual escandalosos que revelaron su vocación de “Sultán” depredador que abuso de las damas que confiaban sinceramente en él como discípulas de sus cursos para trascender limitaciones emocionales. Clara Luz negó encarecida y abiertamente la relación con esta organización y con su líder. El video que muestra su reunión con él sigue en hoy en youtube a la vista de la curiosidad de cualquiera.  Quien pide el voto tiene la obligación de decir la verdad sobre su pasado, ella y quien le recomendó negar esarelación se equivocaron.

Un pasivo político tan cercano no prescribe, porque no perdió una contienda reñida con los punteros, su épica falla moral y ética dio la razón a los electores jóvenes que en el 2021 hartos del “la vieja política” llevaron a Samuel García a ganar, aunque ahora demasiados se arrepienten. La elección será en junio de 2027, casi seis años después de aquella derrota, y los adversarios se encargarán de refrescar la memoria del electorado en cada spot, en cada debate y en cada sobremesa. En política, el pasado no resuelto no se olvida: se administra o se paga. Y no hay indicio alguno de que Morena haya hecho lo primero. La grilla interna de las y los morenistas que movieron sus piezas para que ganara su masajeada encuesta confían tal vez en que los votantes olvidarán; en un estado con clases medias informadas y una prensa local atenta esa apuesta es temeraria.

Peor aún, para elegirla hubo que desplazar a Tatiana Clouthier. Ex secretaria de Economía, operadora de la campaña presidencial de 2018 y una de las pocas figuras de Morena con reconocimiento propio en Nuevo León. Reconoció el resultado, pero se cuidó de no respaldar a la ganadora; dijo apoyar «el proyecto de la Presidenta». La distinción no es menor: acata la decisión, no la comparte. Sabe que en su trayectoria hay muchos años de congruencia en la militancia de oposición mientras que en Flores hay más de 20 años de priismo y otros cuantos de oportunismo y gatopardismo. Eso sí, por lo que se ve, más habilidad para convencer a la cúpula morenista.

¿Cómo se explica? Por la grilla, no por la estrategia. Difícil no ver en la designación el peso de Rosa Icela Rodríguez y de la Secretaría de Gobernación, de cuyo equipo salió Flores. La encuesta funcionó como coartada; la decisión, como suele ocurrir en Morena, se tomó en otra parte. Flores ganó la grilla interna, el líder del PT, Alberto Anaya, hizo lo propio, y eso es un mérito de operación, no de representación. Lo que no ha ganado es la confianza de los neoleoneses, que son quienes votan.  Visto así parece que fue la forma de encontentar al PT, que por cierto se equivoca mucho en Nuevo León porque sus apoyos locales siempre están empujados por intereses muy materiales y sonantes. 

Aquí entra en escena el fondo del asunto. Claudia Sheinbaum gobierna, administra y campea las consecuencias de las infaustas decisiones de López Obrador y la herencia que dejó el solapamiento de la corrupción del grupo cercano de AMLO, pero no controla políticamente a su partido, ni a sus grupos. Tiene la investidura, la popularidad y el mando de la administración federal; no tiene, en cambio, la última palabra sobre las tribus, los operadores e intereses que deciden las candidaturas. Pidió diálogo a quienes no resultaran favorecidos en las encuestas, y es probable que sea cándidamente sincera. Pero pedir diálogo está lejos de decidir e incidir. Nuevo León es el ejemplo más claro de una presidenta con poder de Estado y un partido con dueños propios, donde la decisión que más pesa se toma lejos de la mirada presidencial y cerca de quienes cobran la factura de cada favor.

Ese desfase tiene un costo que rara vez se calcula a tiempo. Si al partido no lo no manda ella en su propia casa no puede prometer mando en la ajena. Si Morena no logra imponer un criterio de calidad al escoger a su candidata, ¿con qué autoridad pedirá a los regiomontanos que le confíen la solución del problema de movilidad, la contaminación, el agua o la seguridad, y unas instituciones que dejaron de funcionar como se espera? La gobernabilidad de un estado no se improvisa en campaña; se anuncia desde la primera decisión importante, y esta fue la primera y no fue seria.

Por eso hablar de renuncia a gobernar no es exageración. Gobernar empieza por elegir bien, y Nuevo León exige mucho: un gobierno que deje de ser espectáculo, y parque de diversiones de la cínica corrupción de sus pillines funcionarios, que rinda cuentas, que entienda la economía del estado y que construya acuerdos con el sector productivo sin genuflexiones. Ofrecer como respuesta a una candidata cargada con el lastre de su propia falsedad y hacerlo a costa de una rival con mejores credenciales, equivale a rendirse antes de empezar. La ventaja se la entregan a quien gobierna hoy o a quien lo suceda desde la oposición, sea cual sea su rostro.

Todavía hay tiempo de rectificar, aunque no parezca haber voluntad. El año electoral arranca en unos días y los partidos suelen corregir cuando las encuestas de verdad, las que se hacen en la calle, empiezan a doler. Si Morena quisiera gobernar Nuevo León, reabriría el proceso. Si no lo hace, habrá confirmado que le importan más sus equilibrios internos que el estado que dice querer transformar.

Morena ganó una encuesta interna, pero perdió una oportunidad histórica. Nuevo León tomará nota en las urnas, como siempre lo hace, y esa cuenta la paga la presidenta y, aunque no lo controle, el partido que decidió no gobernar Nuevo León.

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