Irrelevantes
Atestiguar la irrelevancia de México en el escenario global resulta doloroso para quienes dedicamos nuestra vida profesional a representar a México
Dicen que el mayor temor de Donald Trump es la irrelevancia. Ello lo haría más peligroso en los dos años restantes de su gobierno, en especial si pierde el control del Congreso en noviembre. Veremos si el rechazo a Trump, con índices de aprobación en torno al 30%, será extensivo al Partido Republicano.
Este temor a la irrelevancia es también lo que preocupa al expresidente López Obrador, a la presidenta Sheinbaum y a Morena. Tratar de equiparase a los grandes movimientos políticos y sociales de México: la Independencia, la Reforma, la Revolución y el gobierno de Lázaro Cárdenas, es una falsa narrativa. Comparar a López Obrador con Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, no se sostiene.
Al final, el miedo a la irrelevancia y la búsqueda de un lugar en la historia, antes de que transcurra el tiempo necesario para la evaluación del desempeño de los gobiernos de Trump y Morena, refleja un atavismo autoritario y caudillista. Al final serán sólo un capítulo más en los libros de historia, no muy positivo.
La presidenta Sheinbaum pasará a la historia como la primera mujer jefa de Estado. Quizás entregará un país igual o peor de cómo lo recibió: endeudado, con bajos niveles de educación, acceso a la salud e ingreso per cápita; con parte del territorio controlado por el crimen organizado; menos democrático; debilitadas sus instituciones y con disminuida presencia global.
La Asamblea General de la ONU de este año confirma que México ha perdido autoridad y relevancia en los foros multilaterales y las relaciones bilaterales. Su voz no se escucha como antes. No se hace el silencio cuando los representantes de México hablan en la ONU. No hay visión, estrategia, táctica o agenda de política exterior. Solo lugares comunes. La ausencia de López Obrador y de Sheinbaum en los foros internacionales no puede ser sustituida por los secretarios de Relaciones Exteriores, menos cuando son personajes menores con una agenda personal.
Hago esta crítica con profunda tristeza. Tuve el privilegio de atestiguar en la ONU que cuando hablaban Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, Porfirio Muñoz Ledo, Alfonso García Robles, Antonio González de León, Miguel Marín o Sergio González Gálvez, las salas se llenaban y en silencio atento se escuchaba a México. Los EU respetaban la preparación, experiencia y patriotismo de los negociadores mexicanos en todas las áreas.
Tener que escuchar ahora las incoherentes argumentaciones en defensa de una soberanía parcialmente perdida ante el crimen organizado; de la autodeterminación de los pueblos para no condenar las violaciones de derechos humanos en Nicaragua y Cuba; de censura al injerencismo extranjero, cuando los grupos criminales son los causantes de la violencia; la defensa del derecho internacional con Rusia, resulta frustrante y doloroso para México.
