septiembre 7, 2026

NO QUISIERA DECIR: «SE LOS DIJE»

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A propósito de «The other taco trade», el artículo de The Economist de esta semana

«Cuando Dios dice a fregar, del cielo caen escobetas.» —Refrán mexicano

Esta semana The Economist («Mexico is struggling to win over bond markets») abordó un tema  incómodo: México no logra convencer a los mercados de deuda, y los inversionistas desconfían  de la política económica de Claudia Sheinbaum.

El refrán resume el momento: cuando obligan a ponerse a trabajar, los problemas no llegan de  uno en uno, se multiplican. Presiones fiscales, costo de la deuda, Pemex, bajo crecimiento e incertidumbre internacional amenazan con volverse una sola tormenta. 

Y si a eso se suma el dogmatismo con que el gobierno defiende los principios de la Cuarta  Transformación, todo indica que la estrategia presupuestal no cambiará de fondo, aunque los números exijan lo contrario.

El argumento del artículo es sencillo: las calificadoras ya recortaron sus notas o advierten que lo  harán, y México paga tasas más altas que países de mayor riesgo. Perder el grado de inversión  aún parece improbable, pero las tasas no bajarán mientras el gobierno ofrezca promesas en lugar  de cifras. El problema no es de percepción ni de ideología: es de aritmética fiscal, con Pemex en  el centro. En este contexto, The Economist destaca los siguientes puntos.

LA PRUEBA DEL PRESUPUESTO

El 8 de septiembre el gobierno presenta el presupuesto 2027: su gran prueba de credibilidad. En mayo, Moody’s bajó la calificación de México a un escalón apenas por encima del grado  especulativo; S&P advirtió que podría seguirla y Fitch ya coloca al país en el último peldaño del grado de inversión. La desconfianza se paga: México ofrece cerca de 6.4% por un bono en dólares a diez años —más que Guatemala, considerada especulativa— y 9.3% en pesos, frente a 8.5% en octubre.

UNA CREDIBILIDAD DEBILITADA

La confianza se construyó en décadas y se erosionó en meses. En 2024, durante el relevo de López  Obrador por Sheinbaum, el déficit llegó a 5.7% del PIB, el mayor en casi cuarenta años; desde entonces ronda 5%, y el gobierno promete bajarlo a 4.1%. 

1.2.

Pero la economía crece apenas 1%, y cuando la deuda corre más rápido que el PIB la carga se vuelve insostenible: pasó de 52% del PIB en 2019 a 63%. Tres cuartas partes del presupuesto ya están comprometidas en pensiones, transferencias e intereses. El margen es mínimo.

PEMEXEL CENTRO DEL PROBLEMA

Desde 2018 la empresa ha recibido unos 130 mil millones de dólares, sin contar apoyos fuera del presupuesto ordinario. Según México Evalúa, entre enero y junio, por cada diez pesos que Pemex entregó al gobierno, casi ocho volvieron a la empresa. Eso deja poco para infraestructura, energía, salud o educación —justo la inversión que impulsa la productividad y el crecimiento.

La inversión privada tampoco respondió: cayó diecinueve meses seguidos hasta marzo. El nearshoring que prometía la guerra comercial no se materializó. Pesan además la incertidumbre sobre el T-MEC y las dudas sobre la reforma judicial y sus efectos en el Estado de derecho.

EL DIAGNÓSTICO Y LO PENDIENTE

Sheinbaum conoce el problema, apunta The Economist: ha presentado planes y dialogado con los inversionistas, quiere que Pemex se sostenga solo en 2027 y busca recaudar más gravando a las grandes empresas y al azúcar. Pero las señales son contradictorias. Llamó a la baja de Moody’s un asunto «de la era neoliberal», no piensa tocar las transferencias sociales —menos antes de 2027— y descarta privatizar Pemex.

Ese es el fondo político. El dogmatismo de la Cuarta Transformación hace suponer que, ante la presión, el gobierno ajustará el discurso antes que la estrategia. Defender las prioridades puede ser rentable en las urnas, pero reduce el espacio para reconocer errores y reasignar recursos. Si los hechos obligan a rectificar y la respuesta es negar el diagnóstico, el costo se traslada a la deuda, las tasas y el crecimiento.

Por ahora México evitará el grado especulativo: su tamaño, la diversidad de su economía y el acceso al mercado estadounidense lo protegen. Haría falta un choque mayor —el colapso del TMEC— para tumbarlo. El 31 de agosto Banxico subió su pronóstico de crecimiento a 1.5%. Pero para que bajen las tasas, los mercados necesitan más que declaraciones: un plan creíble, con cifras, fechas y resultados verificables.

EL PROBLEMA ES DE ARITMÉTICA

La evaluación de las calificadoras no es un prejuicio ideológico, como sugiere Sheinbaum: es una operación matemática. Un gobierno que destina tres de cada cuatro pesos a gasto comprometido, que sostiene a una empresa que recibe más de lo que aporta y cuya economía crece 1%, tiene cada vez menos margen. La distancia entre lo que se dice y lo que muestran los números la pagan quienes prestan al gobierno, y la cobran en tasas más altas.NO QUISIERA DECIR: «SE LOS DIJE».

Lo que ocurra dependerá de decisiones aún no tomadas. Hay tres escenarios.

 El de continuidad. El presupuesto se presenta sin ajuste de fondo: mantiene la meta de 4.1% pero no explica cómo llegar. México conserva el grado de inversión, aunque las tasas siguen altas, y cada punto de interés es dinero que no va a infraestructura ni servicios. Menos inversión, menos crecimiento; menos crecimiento, más deuda respecto al PIB. El círculo se cierra: el gobierno pide más prestado y más caro.

 El de ruptura. Un choque externo o un deterioro adicional lleva a S&P o Fitch a degradar a México al grado especulativo. Entonces los fondos que solo pueden tener deuda con grado de inversión venderían de golpe: se calcula que esas salidas rondarían los 28 mil millones de dólares. La presión golpearía al peso y a las tasas a la vez, y el ajuste gradual se volvería inevitable, pero en el peor momento y con menos margen.

 El de consolidación. El presupuesto traza una ruta clara con cifras y plazos, Pemex avanza hacia la autosuficiencia y la recaudación sube sin frenar la economía. Las calificadoras retirarían sus advertencias, las tasas bajarían y la inversión hallaría razones para volver. Es el único camino que abarata la deuda de forma sostenida, y también el que exige gastar capital político antes de 2027.

YA ESTÁN LLOVIENDO ESCOBETAS

El presupuesto del 8 de septiembre dirá cuál de los tres caminos se abre, y si el gobierno entendió el mensaje de los mercados o vuelve a atribuirlo a la mala fe de quienes solo están haciendo cuentas. 

Si prevalece el dogmatismo y la Cuarta Transformación se aferra a una estrategia que los números ya cuestionan, el entorno internacional puede complicarlo todo: una desaceleración global, nuevas tensiones comerciales, tasas más altas o un roce con Estados Unidos estrecharían aún más el margen. 

Ahí el refrán dejaría de ser literatura para volverse advertencia: «cuando Dios dice a fregar, del cielo caen escobetas». Y quizá lo más difícil no sea decir «se los dije», sino reconocer que el título ya estaba en el epígraf

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