La delación es antesala a la descomposición

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El artículo destaca que Sheinbaum ha convertido la defensa de Rocha Moya y su claque en una política de Estado. Su negativa a entregar a los narcopolíticos mexicanos

El New York Times publicó un artículo informando que morenistas de alto nivel están anónimamente revelando a autoridades estadounidenses los vínculos de miembros de su movimiento con el narcotráfico. El mismo artículo sugiere que quienes lo hacen es para evitar futuros problemas de ellos mismos con la justicia norteamericana. O sea, que los delatores están también inmiscuidos en el sucio asunto de la narcopolítica.

El artículo destaca que Sheinbaum ha convertido la defensa de Rocha Moya y su claque en una política de Estado. Su negativa a entregar a los narcopolíticos mexicanos equivale, para Washington, en haber convertido a su presidencia en un dique de contención que defiende al narcotráfico y a los narcotraficantes como si fueran aliados estratégicos del régimen.

También destaca el artículo los nombres de Rocha Moya, Durazo, Villarreal y del Pilar, los gobernadores de Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Baja California, respectivamente. La insinuación es que ellos están implicados en la narcopolítica y, sugerentemente, podrían ser los “susurradores” a las autoridades de Estados Unidos.

Por otro lado, se menciona el libro, recientemente publicado, del ex embajador estadounidense en México, Ken Salazar, sobre su gestión porque reavivó la discusión acerca de las imputaciones de que quién estaría detrás de la política de asociación entre Morena y el narcotráfico sería, ni más ni menos, que el ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Al referirse al libro de Salazar, el periódico también coloca a López Obrador y sus polémicos hijos en el centro del debate sobre la narcopolítica en México.

A partir de los comentarios sobre el libro de Salazar y la revelación del miedo que tuvo, y seguramente sigue teniendo, López Obrador ante las revelaciones que el Mayo Zambada podría dar sobre la relación entre ambos, los periodistas voltearon la mirada sobre Sheinbaum.

Ella ha convertido el tema del narcotráfico en una férrea defensa del líder real de su movimiento. En muchos sentidos, López Obrador sigue siendo el presidente. Sheinbaum es su suplente, pero reina con rendimientos decrecientes. La relación entre ellos es de sentimientos de rispidez creciente.

Los periodistas del New York Times retratan con prístina claridad la tensión que permea el movimiento llamado Morena y el gobierno de la 4T. Una parte del movimiento considera que ha llegado el momento de entregar a Rocha a las autoridades judiciales de Estados Unidos y de plantear un “reset” a la relación bilateral.

Otra parte de Morena es de la idea de rechazar cualquier acuerdo con Estados Unidos, acusando de intervencionismo y con la intención de promover la derrota del partido en las elecciones del 2027. Se confirman dos ideas estratégicamente opuestas en choque dentro de la mayoría oficialista: conciliación o confrontación.

Según el periódico neoyorquino, Sheinbaum se ha alineado hasta ahora con la línea de confrontación con Estados Unidos. Así lo confirmó en su discurso en el Monumento a la Revolución y en sus acciones y decisiones posteriores. Pero cabe la pregunta: ¿hasta cuándo podrá sostener esa línea política, antes de enfrentarse al derrumbe de su propio gobierno?

El problema de las defecciones internas es una infección que solamente crecerá. En la medida en que las cuentas bancarias se congelan, las visas se retiran y el cerco judicial crece sobre muchos actores, lo más probable es que altos funcionarios tendrán que presentar pruebas incriminatorias cada vez más contundentes sobre los principales actores del movimiento. Las traiciones abundarán. Y nadie podrá parar esa descomposición.

La vasta red de acusaciones judiciales van a desacreditar al régimen, internamente y en el resto del mundo. Antes de ver cualquier acción, el gobierno de Morena será presentado ante el mundo como uno de carácter claramente criminal. Hay que decirlo: Washington está creando una justificación jurídica vasta y compleja que pretende justificar una declaratoria de Morena y, por ende, el gobierno emanado del movimiento, como narcoterrorista.

La presidenta debe temer las traiciones. Por ejemplo, se ha comentado como una falta de protocolo que el secretario de Relaciones Exteriores haya acudido a la embajada de Estados Unidos para “una reunión de trabajo”. Pero cabe la reflexión en estos tiempos: ¿necesitaba el secretario transmitir algo a Estados Unidos que solamente podía decir con confidencialidad en la embajada, porque no confiaba en decirlo en su propia oficina?

¿Y las grabaciones de la gobernadora de Baja California?

El general en retiro Mérida entendió bien la situación. Veía perfectamente que la descomposición interna del morenismo iba a profundizar rápidamente, y debía entregarse, para gozar de los privilegios del primer delator. Porque después vendrá la estampida, con rendimientos decrecientes para los tardíos.

El aislamiento de México en la escena latinoamericana crece día con día. Los resultados electorales en Colombia y Perú acrecientan la situación de soledad que padece México en el concierto de naciones. Brasil tiene un espacio internacional ganado por esfuerzo propio. México no ha hecho la tarea.

Se ha quedado contemplando su ombligo y vanagloriándose de su superioridad moral. Y autoconmiserándose por la proximidad con Estados Unidos, en vez de convertir esa vecindad en una ventana de oportunidad. La izquierda mexicana acepta, a regañadientes y frunciendo el ceño, el T-MEC. Preferiría un acuerdo comercial con Rusia y China.

La derrota de la izquierda en Colombia seguramente reforzará los temores en México de una intervención estadounidense en las elecciones del 2027. La salutación del nuevo presidente colombiano a Ricardo Salinas Pliego, y no a la presidenta mexicana, fue echar sal a la herida. La elección en Colombia trae lecciones. Una de ellas es que la izquierda recibió la mayoría de sus votos, y casillas zapato, en las zonas controladas por la guerrilla y el narcotráfico. En Colombia, ese es el aporte de la criminalidad al voto corporativo.

La delación promete convertirse en el camino de morenistas que saben que el final del camino para Morena está a la vista. La presidenta no goza de la autoridad política suficiente para frenar el proceso. La descomposición interna se va a acelerar. Mientras tanto, la judicialización de Morena declarado como “narcoterrorista” es una realidad. Y perderá a sus partidos aliados.

Ese futuro exige de la oposición seriedad y compromiso con México. La tarea de reconstruir el tejido de la república democrática y el Estado de derecho será el llamado de atención para todos. Unidad y compromiso serán indispensables para evitar el peligro de una guerra civil.

POR RICARDO PASCOE PIERCE

COLABORADOR

ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep

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