Ser libre y soberano: el desafío permanente de México

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Mucho antes de que México se constituyera como una república independiente, sus líderes insurgentes ya discutían una idea revolucionaria para su tiempo: Ningún ser humano debe ser propiedad de otro. Por ello, la abolición de la esclavitud ocupa un lugar especial en la historia nacional, no solo como una decisión política, sino como una declaración de principios.

El primer paso lo dio Miguel Hidalgo el 6 de diciembre de 1810, cuando desde Guadalajara decretó la libertad de los esclavos y prohibió su comercio. En una sociedad marcada por profundas desigualdades heredadas del régimen colonial, aquella medida representó un desafío directo a estructuras económicas y sociales arraigadas. Tres años después, José María Morelos retomó ese ideal en Chilpancingo, incorporándolo al proyecto político insurgente que buscaba una nación más justa y menos dependiente de los privilegios de nacimiento.

Sin embargo, la abolición definitiva no llegó sino hasta el 15 de septiembre de 1829, cuando el presidente Vicente Guerrero firmó el decreto que eliminó legalmente la esclavitud en todo el país. El hecho adquiere una dimensión aún más significativa al recordar que Guerrero, héroe de la Independencia y presidente de origen afromexicano, entendía de manera profunda el valor de la igualdad y la libertad.

Aunque la esclavitud en México no tenía la magnitud económica que alcanzó en otras naciones del continente, su abolición colocó al país entre los pioneros de América Latina en reconocer que la libertad debía ser un derecho universal.

Estos actos heroicos y valientes fueron motivo de inspiración para poetas como Amado Nervo y Juan de Dios Peza quienes escribieron odas a Miguel Hidalgo y Costilla, Padre de la independencia. También está el caso de José María Morelos y Pavón, «Siervo de la Nación, es una figura recurrente en la poesía patriótica, evocado constantemente por Carlos Pellicer. O el de Vicente Guerrero consumador de la Independencia, que abolió la esclavitud en 1829, también inspiró poemas sobre libertad e igualdad.

Entonces, tenemos que la libertad proclamada por Hidalgo, defendida por Morelos y convertida en ley por Guerrero no es únicamente un episodio histórico; es un compromiso permanente que exige ser renovado por cada generación.

La historia recuerda a los héroes por sus victorias militares y sus decisiones políticas, pero también por las causas que defendieron, de eso no cabe duda, pero el presente tiene sus propias exigencias y una de ellas es que ningún ser humano debe vivir bajo el dominio de otra persona, país o grupo criminal.

Esto nos lleva a pensar que la libertad y soberanía de México implica enfrentar desafíos permanentes, entre ellos:

Estado de derecho sólido que implica el cumplimiento de las leyes para todos por igual, instituciones independientes y confiables, combate efectivo a la corrupción y la impunidad, reducción de la violencia y el crimen organizado, protección de los derechos y libertades de los ciudadanos, fortalecimiento de las policías y los sistemas de justicia.

Otros aspectos relevantes son el crecimiento económico sostenido, generación de empleos bien remunerados, apoyo a la innovación, la ciencia y la tecnología nacionales, educación de calidad para toda la población, voto libre e informado, reducción de la pobreza y la desigualdad, acceso equitativo a oportunidades y respeto a los derechos humanos de todas las personas, entre otros..

Para resumir, diré que la libertad y la soberanía no son metas que se alcanzan una sola vez; son principios que requieren instituciones fuertes, ciudadanos comprometidos y una búsqueda constante de justicia, prosperidad y respeto a la ley.

Finalmente, quiero deciles que los mexicanos podremos diferir ideológicamente, pero siempre estaremos unidos por un amor profundo a nuestra nación. Les dejo un poema y una canción. Nos seguimos leyendo.

MEXICO, CREO EN TI (Escrito por Ricardo López Méndez)

México, creo en ti,
Como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
Y sin embargo, ríes demasiado,
A caso porque sabes que la risa
Es la envoltura de un dolor callado.

México, creo en ti,
Sin que te represente en una forma
Porque te llevo dentro, sin que sepa
Lo que tú eres en mí; pero presiento
Que mucho te pareces a mi alma
Que sé que existe pero no la veo.

México, creo en ti,
En el vuelo sutil de tus canciones
Que nacen porque sí, en la plegaria
Que yo aprendí para llamarte Patria,
Algo que es mío en mí como tu sombra
Que se tiende con vida sobre el mapa.

México, creo en ti,
En forma tal, que tienes de mi amada
La promesa y el beso que son míos.
Sin que sepa por qué se me entregaron;
No sé si por ser bueno o por ser malo,
O porque del perdón nazca el milagro.

México, creo en ti,
Sin preocuparme el oro de tu entraña;
Es bastante la vida de tu barro
Que refresca lo claro de las aguas,
En el jarro que llora por los poros,
La opresión de la carne de tu raza.

México, creo en ti,
Porque creyendo te me vuelves ansia
Y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo es por tu cielo,
Si conozco el dolor es por tus lágrimas
Que están en mí aprendiendo a ser lloradas.

México, creo en ti,
En tus cosechas de milagrería
Que sólo son deseo en las palabras.
Te contagias de auroras que te cantas.
¡Y todo el bosque se te vuelve carne!
¡Y todo el hombre se te vuelve selva!

México, creo en ti,
Porque escribes tu nombre con la X
Que algo tiene de cruz y de calvario:
Porque el águila brava de tu escudo
Se divierte jugando a los “volados:
Con la vida y, a veces, con la muerte.

México, creo en ti,
Como creo en los clavos que te sangran:
En las espinas que hay en tu corona,
Y en el mar que te aprieta la cintura
Para que tomes en la forma humana
Hechura de sirena en las espumas.

México, creo en ti,
Porque si no creyera que eres mío
El propio corazón me lo gritara,
Y te arrebataría con mis brazos
A todo intento de volverte ajeno,
¡Sintiendo que a mí mismo me salvaba!

México, creo en ti,
Porque eres el alto de mi marcha
Y el punto de partida de mi impulso
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,
Como la voz que salva
Y como el ancla…!

…Nos seguimos leyendo.

Otr1. Estado de derecho sólido

2. Seguridad y paz3. Desarrollo económico

. Educación y cultura

5. Participación ciudadana

7. Igualdad y justicia socialLa libertad y la soberanía no son metas que se alcanzan una sola vez; son principios que requieren instituciones fuertes, ciudadanos comprometidos y una búsqueda constante de justicia, prosperidad y respeto a la ley.

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