El sello de la casa: narco-partido
Esa etiqueta de “narcos” será el sello de su casa, de ahora en adelante. Mientras el movimiento creado por Andrés Manuel López Obrador
El aura de invencibilidad y legitimidad de Morena se ha abollado gravemente. Quizá mortalmente. El estigma de “narco partido” ya ganó tracción en el imaginario popular. Así como Morena usó el grito de “Prian” contra la alianza entre el PAN y el PRI, hoy la coalición de Morena, PT y Verde corre con su propia etiqueta: “narco partido”.
Esa etiqueta de “narcos” será el sello de su casa, de ahora en adelante. Mientras el movimiento creado por Andrés Manuel López Obrador se basó, supuestamente, en la trilogía “no robar, no mentir, no traicionar” como versículo bíblico, es justamente la traición a esos principios lo que ha quedado desnudado ante el asombrado ojo público de una nación entera.
La defensa presidencial a toda costa de Rubén Rocha y el senador Inzunza, acusados de haber ganado su elección en asociación con el Cártel de Sinaloa, ha abierto millones y millones de ojos acerca de lo que verdaderamente hay detrás del gobierno y la retórica de Morena. La alianza de Morena con el narcotráfico no sólo es real, está absolutamente vigente. Y se defiende desde la Presidencia de la República.
El descrédito queda obviado con las encuestas, incluso las tradicionalmente compradas, que confirman la caída en la aceptación de la presidencia y del partido. Pero las encuestas solamente rascan la superficie del fenómeno. Lo que está aconteciendo en el subsuelo de la sociedad, la economía y la política es nada menos que un terremoto de proporciones incalculables.
La sociedad se siente progresivamente más traicionada por un gobierno y partido que ofreció protección como nunca a los suyos, y que no lo cumplió. Ante los añejos problemas existentes en la sociedad, de inseguridad pública, de una insuficiente atención a la salud y una educación precaria, Morena ofreció un nuevo amanecer. Y la esperanza se fue con Morena. Era comprensible y, en cierto modo, de fácil pronóstico.
Lo primero que instauró el régimen morenista fue un nuevo amanecer, pero para el narcotráfico. La política de “abrazos, no balazos” era el disfraz de lo que realmente estaba sucediendo. El gobierno de AMLO, y ahora con Sheinbaum, reestructuraron la institucionalidad estatal mexicana para acomodar al narcotráfico en su seno. Los nuevos funcionarios de seguridad, justicia, administración y obras son aliados o miembros de los cárteles. Y esa estructura de convivencia se filtró hacia los gobiernos estatales y municipales con extraordinaria rapidez y facilidad.
Para que funcionara “discretamente” era necesario eliminar todos los instrumentos ciudadanos para conocer las decisiones de los gobernantes. La discrecionalidad era indispensable para el éxito del acuerdo Morena-narcotráfico. Esa necesidad obligó a la muerte del INAI y cualquier otro órgano autónomo que obligara al gobierno a revelar sus verdaderas intenciones. Y funcionó exitosamente durante el sexenio de AMLO y los primeros dos años de la gestión de Sheinbaum. Hasta que la mentira fue expuesta públicamente por el gobierno de los Estados Unidos. Triste este hecho, pero real.
Para defenderse, la presidenta y Morena han invocado un rancio nacionalismo y promovieron una ley que permite anular elecciones que tuvieran “injerencia extranjera”.
Están asustados ante el espectro de perder el poder. Nunca se les había ocurrido pensar que podrían perder una elección, y menos el poder. Pero de repente se asoma esa posibilidad.
Su crisis de legitimidad también tiene que ver con otra promesa: el deterioro del sistema de salud. Es inocultable que no tienen dinero y tratan de engañar a la población con discursos sobre nuevas inauguraciones de hospitales, donde no hay ni equipo, ni medicamentos ni personal suficiente para atender las necesidades de la ciudadanía. Un pueblo sin salud es uno quebrado en cuerpo y espíritu.
Aunado a ese quiebre, es el estado deplorable de la educación, que no ofrece un futuro para los jóvenes de México. Solamente quienes tengan recursos para educar privadamente a sus hijos pueden pretender un futuro posible para ellos. El sistema público está quebrado porque no se le inyectan los recursos necesarios para crear condiciones propicias para formar a la juventud, con textos educativos formativos y la tecnología necesaria para el mundo actual, como el servicio de internet. Tal parece que el quiebre económico del país es una factura que el gobierno impone a los más pobres.
Sin salud y sin educación apenas pueden aspirar millones a “los apoyos” del gobierno no para vivir, sino para apenas sobrevivir. Ese esquema de país que nos ofrece Morena llevará al quiebre total.
Los mexicanos en general se están percatando, cada quien desde su óptica, de la mentira de la presidencia y de Morena. Sí Mienten, sí roban y sí traicionan. De ahí la caída en las encuestas, como expresión de rechazo popular.
La presidenta y su partido están apanicados. Ahora convocan a movilizaciones para “celebrar” un informe más de la presidenta. Pero ella no se da cuenta de que ya no incita ni confianza ni certeza. Ha desgastado su presencia e imagen en las presentaciones diarias en las mañaneras. Ni su voz ni ella inspiran liderazgo.
Los acusados en Estados Unidos por su vínculo con el narcotráfico se entregan a sus captores. Es una gran contradicción. En vez de huir de sus captores, huyeron hacia ellos.
¿Qué nos dice eso? Que ellos mismos ven como una causa perdida la del gobierno (federal, estatal, municipal) aliado al narcotráfico. Incluso, los partidos aliados de Morena empiezan a dudar sobre la conveniencia de la asociación con un partido más cercano a ser un cártel que un verdadero partido político.
Huyó un general y se llevó documentos que comprometen no sólo a los imputados de Sinaloa. Sus documentos también comprometen a generales del sexenio de López Obrador al más alto nivel, y a funcionarios del entorno de Palacio Nacional del anterior sexenio, y del actual. El poder duro y crudo que construyó López Obrador es un castillo de naipes. No es una fortaleza contra cualquier enemigo.
Construyó algo tan frágil que se está desmoronando ante la mirada de la nación. El país llega a la conclusión, cada quien por su lado, de que este gobierno no tiene proyecto. Sus funcionarios roban y matan porque pueden, creyendo que están en su derecho a vivir plenamente su impunidad.
La caída oficialista en las encuestas es una respuesta al desmoronamiento de la narrativa morenista. El grito retumba en los oídos de todos: “narco gobierno, narco partido”. La movilización a la que convocó Morena en Chihuahua contra la gobernadora resultó ser un fiasco porque la gente no acudió libremente, ante una causa que era cuestionable y de dudosa honestidad.
Hoy domingo una presidencia decadente convoca a otra movilización dudosa en una fecha cualquiera “para mostrar músculo”. El asunto no es cuántos acuden. El asunto es que el grito de “narco partido” estará presente en cada palabra que se emita en esa plaza. Ya no tienen escapatoria. El narco partido ofreció salud y no cumplió.
El narco partido ofreció educación y oportunidades y no cumplió. También ofreció seguridad y no lo puede cumplir porque la inseguridad es parte del acuerdo orgánico Morena-narcotráfico. Porque carece de un proyecto económico que le garantice un futuro próspero a los mexicanos.
Podrán hacer tantas movilizaciones como les sea posible. No podrán liberarse nunca del sello de la casa: “narco partido”. Y cargarán con ese sello hasta su derrota final.
POR RICARDO PASCOE
COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep
