Cortés y la aspirante a la emperatriz de lavapies: Andrés Amaro
Cuando una organización o sector político enfrenta un gran reto resulta imprudente que se fabrique otro de la misma o mayor dimensión. Para la Oposición en México, ya es un desafío relevante iniciar su recuperación política. Emprender a contracorriente la reivindicación de Hernán Cortés, una figura histórica asociada a la agresión y otras atrocidades, se ha revelado como un alucinado despropósito.
Es preciso aguzar la mirada para distinguir los componentes de lo que ha sido para un segmento opositor, durante la semana anterior, un resplandeciente fracaso. ¿Cómo empezó todo?
Una funcionaria de la Comunidad de Madrid emprendió gira por México con el objetivo de fomentar inversiones para su región. Pero también buscaría afirmar el legado español. A partir de este último propósito de naturaleza cultural, la funcionaria homenajearía a Hernán Cortés, invasor de Tenochtitlán (1519-1521). Ella se constituiría así en eje de alineación ideológica, fortaleciendo a una parte de la Oposición en el escenario mexicano.
Su primer acto sería la “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México” a celebrarse con una misa en la Catedral Metropolitana. La sede cambió. Pero el involucramiento de la jerarquía eclesiástica en esta operación política indica que la Iglesia Católica se encuentra retomando, frente al Gobierno Mexicano, la postura beligerante que desplegó en la víspera del Proceso Electoral 2024.
El Régimen podría considerar que la confluencia entre el Arzobispado y la cabeza de la Comunidad de Madrid se debe a que tienen una interpretación común sobre la Conquista de Tenochtitlán. Sin embargo, conformarse con esa interpretación sería contrario a un imperativo de la conducción política: es ingenuo creer que los demás lo son. Incluso peligroso.
Ante esta operación, la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, desplegó una estrategia para vertebrar la respuesta. Sus pronunciamientos movilizaron a su base social. Estimuló, aún entre quienes no son partidarios orgánicos, el espíritu de defensa frente a una agresión externa. Por si osare un extraño enemigo. No hubo boicot hacia las visitas. Sí extrañamiento. Estaba perfilado que escalaría.
Pero la visitante interrumpió su gira. El saldo al corte era adverso. No funcionó ni siquiera el control de daños, instrumentado a través de corporativos de medios y periodistas afines. Ella aseguró, por ejemplo, que había sido cancelada su asistencia a Premios Platino por presiones gubernamentales. Grupo Xcaret le sacó el piso a ese argumento. La desinvitación habría sido para evitar que la ceremonia se convirtiera en plataforma política, afirmó la empresa.
La funcionaria de Madrid ha regresado a su país con solo una sola ilusión posible. La que prometía Agustín Lara (Chotis Madrid, c. 1948) para su chulona mía: ser Emperatriz de Lavapiés.
Coronarse en ese barrio de Madrid no es, por cierto, un trámite. Hoy día alberga activismo ciudadano e importantes colectivos. El viernes 8 pasado, al atardecer, una muchedumbre concentrada en la Plaza Tirso de Molina logró acortar la marcha de la Falange Española, residuo de un franquismo trasnochado. No son monárquicos ahí. Con la pena.
¿Y Cortés, el conquistador? Dejó tirada la sábana. Ha dejado de ser el fantasma que transitó nuestras calles estos días. Una de estas madrugadas, mientras ensayaba pasos para una obra musical, colgó los tenis enredándolos en los cables de energía eléctrica en República de El Salvador cruz con Pino Suárez (CDMX). Y en el Templo de Jesús Nazareno retomó su descanso. O lo que sea que hace ahí. La Oposición tratará de tirar la bandera de su reivindicación. Políticamente, Hernán ha vuelto a ser el cadáver en mortaja de harapos que nadie quiere cargar.
