La soberanía del narcogobierno: Gustavo Vicencio

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“La hipocresía es la audacia de predicar la integridad

 desde un antro de corrupción”

Wes Fesler

  Tremendo encontronazo se dio esta semana entre la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, y la presidente Sheinbaum, a raíz de un operativo en dicha entidad donde se desmanteló el que, dicen, es uno de los mayores narcolaboratorios jamás incautado en la historia de México. El problema es que, en el suceso, murieron dos agentes de la CIA. Esto dio pauta para acusar a la gobernadora de traidora a la patria, ya que no había pedido permiso para que una agencia extranjera interviniera junto con las fuerzas estatales… y federales. Así es, federales. Intervino el ejército, cuyo comandante supremo y quien les dicta las órdenes a acatar, no es ninguna gobernadora sino la presidente de México. ¿Es creíble que estando 50 miembros del ejército ninguno supiera de la presencia de los agentes de la CIA? La versión presidencial es que la federación no sabía (¿?) y que por lo tanto la gobernadora Maru Campos violó las leyes mexicanas. En respuesta, el fiscal de Chihuahua, Cesar Jauregui, presentó su renuncia para no ser obstáculo en las investigaciones. Ah, pero la presidente no se quedó conforme. “No basta una renuncia, hay que seguir investigando”, dijo, por lo que la FGR ya tomó cartas en el asunto.

      Ante estos hechos lo primero que salta a la vista es que no se menciona ni se festeja el éxito del operativo en el que un megalaboratorio de drogas haya sido neutralizado. Miles de personas, tanto mexicanas como extranjeras, ya no tendrán acceso a ese flagelo, asunto que no es menor. La razón es fácil de deducir. Si el oficialismo es socio de los narcos, lo más seguro es que estén furiosos porque les inutilizaron una auténtica mina de oro, la que les había aportado en el pasado millones de pesos para financiar campañas de candidatos de morena, ayudado acallar opositores y enriquecer hasta el hartazgo a los altos mandos involucrados. Había que desviar la atención de este evidente hecho e irse con todo contra la gobernadora, culpable de quitarles semejante fuente de ingresos.

      La presidente y sus corifeos le dieron con todo durante ocho días a la gobernadora, a quien llamaron traidora a la patria, querían que compareciera ante el Senado y destituirla como gobernadora. Después de que los voceros morenistas se lanzaran al vacío envueltos en la bandera nacional defendiendo la soberanía de México, llegó una joya que cayó como bomba nuclear en el en centro del morenismo. El gobierno de los Estados Unidos, a través de una corte de Nueva York, le presentó al gobierno mexicano una solicitud de extradición de 10 mexicanos por estar vinculados y dar protección al cártel de Sinaloa, entre otros muchos delitos más. Dicha lista la encabeza, el gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, aquel que todo México sabía de su colusión con los chapitos pero que el oficialismo morenista siempre defendió bajo la consigna: “Si cae uno, caemos todos”. Otro de los acusados es el senador por Sinaloa Enrique Inzunza Cázares, quien un día antes se desvivía hipócritamente solicitando sanciones contra Maru Campos y el fiscal por violar la Constitución. ¡Tómala!

      Esta historia apenas comienza. Todavía habrá mucho de que hablar. Lo que la oposición en México se ha cansado de señalar y de denunciar con pruebas, con testimonios con hechos absolutamente comprobables, nunca fueron suficientes para ni siquiera tocarlos con el pétalo de una carpeta de investigación. Mucho de lo que ha salido por años en los medios de comunicación y que el oficialismo ignoró olímpicamente está por concretarse en denuncias, acusaciones, aprehensiones, no por autoridades mexicanas desgraciadamente. Tuvieron que intervenir los Estados Unidos para que hubiera consecuencias ante tanto cinismo, impunidad y corrupción sin castigo. Esta es la soberanía del narcogobierno: Entrego bastas zonas del territorio nacional a mis socios del crimen organizado, que al cabo somos uno mismo y somos mexicanos. Ah, pero si una autoridad estatal quiere romper esa realidad y combatir con éxito a los cárteles, se le acusa de traición a la patria.

      Estos hechos son un parteaguas. La oposición a partir de hoy tendrá una excelente oportunidad de demostrar que todo lo que ha señalado tenía sustento. Que México no se merece un narcogobierno y que tenemos proyecto, líderes, historia, resultados para que los mexicanos nos volteen a ver y juntos lograr sacudirnos de una vez por todas esta pesadilla de siete años que debe terminar. No dejemos pasar la oportunidad.

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