Reforma electoral ¿Para qué?

Se aprobó en lo general la reforma político-electoral que en su espíritu busca reducir los gastos de los poderes legislativos federal y locales (congresos y cabildos), el punto más polémico que significaba traer a la presidenta en campaña fue sacado de la agenda.


Reforma electoral ¿para qué? Usted, amable lector tendrá múltiples respuestas, yo tengo una, la del enfoque de la inutilidad legislativa, la inoperancia y la burla que representa tener leyes rígidas cuando el pensamiento político es laxo o corrupto.
De qué sirven reformas buenas, bien intencionadas si al final se las pasan por el arco del triunfo. En 2007 se reforma la Constitución y legislaciones para impedir la promoción política de los servidores públicos, se faculta la difusión sólo por motivo de un informe anual, todo es una farsa, López duró seis años violando el 134 constitucional y junto a él, miles de servidores de todos los sabores que se promueven en decenas de panorámicos pagados por revistas que no podrían cubrir el costo de un panorámico.

Lo aprobado es positivo, reducir los gastos del poder legislativo federal, concretamente el Senado es bueno para una república que poco se beneficia de la labor de los representantes del Estado mexicano, simplemente porque su voto es lineal, en bloque, en ocasiones irracional y en desconocimiento de lo que votan, ¿para qué mantener tantos senadores?
No deben disminuir en número, en su caso que reduzcan sus ingresos, sus dietas, sus “premios”, así tendremos legisladores comprometidos con la función junto a campañas menos onerosas pues le pensarán dos o tres veces antes de pagar campañas en las cuales se duplica o triplica su ingreso como legisladores.


Acotar los asesores y la parafernalia en las sedes legislativas es positivo, si alguien no está capacitado para legislar: ¿para qué votarlo? Mejor hay que botarlo, si necesita que le hagan la chamba es un derroche de recursos.
Bien por los topes del presupuesto de egresos asignado a los poderes legislativos en las entidades, incluso si se reducen las “dádivas”, perdón, gestorías, el ahorro sería multimillonario.


Un legislador que reparte despensas duplica la tarea de las áreas sociales y humanas del poder ejecutivo, lo mismo si otorgan becas; en su caso que su labor sea de gestionar ante las instancias educativas y sean éstas las que otorguen las becas a petición de parte.


Reducir el número de legisladores municipales es positivo, es oportuno pensar en cómo las legislaturas locales pueden capitalizar esto, es decir, que los ayuntamientos no se voten en planilla sino por alcalde y por síndico o regidores por separado.


El ejercicio no es nuevo, se han planteado iniciativas como las de distribuir los municipios en delegaciones o regiones y que cada regidor o síndico haga campaña en una región, con ello podríamos llegar a tener ayuntamientos con alcalde de un partido y regidores en mayoría de otro partido distinto.
Las iniciativas planteadas no son negativas para la democracia, la principal duda surge porque en la historia de la democracia mexicana moderna, las reformas político-electorales surgen por la presión social y no de la buena intención del gobierno.


Las mujeres votaron por la presión ejercida, la democracia de mayorías y minorías también, la disminución en la edad jurídico-electoral fue lo mismo y la equidad en acceso a medios de comunicación fue igual; que ahora surja porque el gobierno es bueno y justo, pues no lo compramos muchos.


Reforma electoral ¿para qué si no respetan las leyes los políticos, los gobiernos y los partidos?

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