No estamos solo ante una decisión militar, sino ante una lección inquietante sobre cómo opera el poder en sus niveles más altos: seleccionando qué creer, a quién escuchar y cuándo actuar.

En los niveles más altos del poder, las decisiones no siempre se toman con la mejor información disponible, sino con la narrativa más convincente, influidas por dinámicas donde la lealtad al “jefe”, la preservación del cargo y la búsqueda de protagonismo desplazan la racionalidad y el análisis objetivo.

Un reciente trabajo de investigación periodística de The New York Times —resultado de múltiples entrevistas, contrastación de fuentes y un esfuerzo colaborativo digno de reconocerse, dada la opacidad con la que operan estos procesos— ha permitido reconstruir con notable detalle las circunstancias que rodearon la decisión de Donald Trump de atacar a Irán.

Los reportes revelan un proceso que, más allá de lo militar, expone con claridad las dinámicas profundas de la Micropolítica en acción.

La narrativa precede a la evidencia

La propuesta no surgió de un análisis interno pausado ni de una evaluación técnica prolongada. Surgió desde fuera, presentada por Benjamín Netanyahu en el corazón mismo del poder: la Sala de Crisis. No fue simplemente un informe. Fue una narrativa completa: destruir la capacidad misilística de Irán, provocar un cambio de régimen y abrir paso a un nuevo orden político.

La señal del líder

La respuesta inicial fue reveladora. El presidente Donald Trump reaccionó con una frase breve pero significativa: “suena bien”.

Esa frase, aparentemente simple, contiene una de las claves del ejercicio del poder. No se trata de la veracidad inmediata de la propuesta, sino de su capacidad de encajar con una visión previa, de resultar coherente con un marco mental ya establecido. Pero, además, en la cultura organizacional que ha construido Donald Trump —donde la lealtad y la obediencia suelen pesar más que las habilidades y el profesionalismo—, el “me parece bien” operó como una señal clara de lo que esperaba el jefe: fue, en los hechos, la indicación de lo que debía ser respaldado por sus subalternos.

Inteligencia vs poder

Al día siguiente, el aparato de inteligencia intentó introducir matices. Cuestionó la viabilidad de un levantamiento popular, la posibilidad de instaurar un nuevo liderazgo y la rapidez del desenlace. Algunas de esas ideas fueron calificadas como desconectadas de la realidad, incluso como francamente irreales.

Sin embargo, el curso de la decisión ya estaba trazado.

Aquí emerge una de las tensiones más importantes en el ejercicio del poder: la que existe entre la racionalidad técnica y la racionalidad política. La primera se basa en evidencia, escenarios y límites. La segunda en oportunidad, percepción y narrativa.

Cuando ambas entran en conflicto, no siempre prevalece la más informada.

La ilusión de control

La historia ofrece ejemplos claros de este fenómeno. Tras sus primeras victorias, Adolf Hitler desarrolló una confianza creciente en la eficacia de sus estrategias, mientras las voces de cautela eran progresivamente desplazadas por dinámicas de lealtad y confirmación.

El silenciamiento del disenso

Pero hay un elemento aún más delicado: el manejo que se hace de los que disienten.

El hecho de que la decisión avanzara con poca oposición efectiva no implica ausencia de información contraria, sino una limitada capacidad de esa información para influir en el proceso. Cuando los círculos de decisión se estrechan y la narrativa dominante se impone, la evidencia pierde peso relativo.

Esto no es un accidente. Es una característica recurrente del poder concentrado.

El proceso detrás de la decisión

En Micropolítica, entendemos que las decisiones no se toman en el vacío, sino dentro de estructuras donde influyen relaciones, lealtades, percepciones y, sobre todo, la forma en que se construye la realidad.

El problema no es únicamente la decisión en sí, sino el proceso que la produce.

Cuando la narrativa sustituye a la evidencia, cuando la convicción precede al análisis, y cuando el disenso no logra alterar el curso de acción, el margen de error se amplía significativamente.

Y en contextos como el de la guerra, ese margen no es menor.

En síntesis

Estamos hablando de dos de los ejércitos más poderosos del mundo, de sistemas de inteligencia altamente sofisticados y de una nación que lidera el desarrollo de la inteligencia artificial a nivel global. Y, sin embargo, incluso en ese nivel, las decisiones pueden estar influidas por dinámicas profundamente humanas: percepción, lealtad, narrativa y poder.

No estamos solo ante una decisión militar, sino ante una lección inquietante sobre cómo opera el poder en sus niveles más altos: seleccionando qué creer, a quién escuchar y cuándo actuar.

Si esto ocurre en las estructuras más avanzadas del mundo, la pregunta que queda es inevitable:

¿qué podemos esperar en contextos donde los controles son más débiles, la información más limitada y el poder menos cuestionado?

Porque, en el ejercicio del poder, la realidad no siempre se impone…

a veces, primero se interpreta.

*Dr. Alfredo Cuéllar

Profesor, consultor internacional y creador de la Micropolítica. alfredocuellar@me.com

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