Un partido que arriba al poder y gobierna tendenciosamente, cerrando espacios a sus opositores, ni remotamente puede ser calificado de izquierda.

Sin autoridad es imposible gobernar a los hombres
Isaiah Berlin

¿Con qué idea nació esa ideología bautizada en la Asamblea francesa en 1789 como “la izquierda”? No hay duda: la que gritaron los disidentes para criticar a los hombres del poder, fuera político o económico. Recoge inquietudes de muchos siglos atrás de insumisos, de rebeldes. Se teorizó sobre el derecho de resistencia, de desobediencia; capacidad de pensar y diferir de mandatos injustos.

Un partido que arriba al poder y gobierna tendenciosamente, cerrando espacios a sus opositores, ni remotamente puede ser calificado de izquierda. Los presidentes mexicanos del siglo pasado lo entendieron. Rehuían la “geometría ideológica”, a excepción de López Mateos quien se definió como de izquierda, para matizar posteriormente, “dentro de la Constitución”, y así ratificar su imparcialidad como jefe de Estado.

Instituciones que no son solidarias con quienes heroicamente se empeñan y arriesgan sus vidas en buscar a personas desaparecidas en lo que algunos califican como nuestra mayor fractura social, no son de izquierda ni de derecha, simplemente carecen de la esencia humanista que toda profesión exige.

No se pueden alegar afinidades doctrinarias al apoyar a tiranías que cada vez más confirman su desprecio por los derechos humanos y que por presiones externas liberan a sus presos políticos. Más bien se trata de una enorme incongruencia.

La referencia es obligada. En 1976 el PRI ganó las elecciones con candidato único a la presidencia de la República. En 1977 inició una reforma política con un propósito claro: alentar la competencia y darles pluralidad a los órganos de representación ciudadana. Ese intento primigenio siguió por varias décadas.

AMLO, como todo líder populista, se regodea comparándose con los personajes relevantes de nuestra historia. Reiteraba que no incurriría en el “error” de Lázaro Cárdenas al escoger a un sucesor que no diera continuidad a sus lineamientos gubernamentales. No obstante, designó a quien más se identificaba con sus creencias, dizque de izquierda. Hasta ahora, el plan ha funcionado. Sin embargo, me parece que ha llegado la hora en que la realidad implacable exige su protagonismo y demanda respuestas.

Es muy difícil negar el grave deterioro de nuestra vida institucional. El Estado mexicano, dicen, está fallando en sus tareas básicas mientras concentra el poder. Difiero, yo más bien percibo su atrofiamiento. Lo dicen los organismos internacionales, lo siente en carne propia el pueblo, lo confirman las respuestas torpes y negligentes de los responsables de otorgar servicios.

En los próximos días se tendrán que asumir decisiones cruciales para el otorgamiento o rechazo de algunas organizaciones políticas. La atención está puesta en una: “Somos México” puede ser la más retadora en las próximas contiendas por sus integrantes y su conformación diversa e incluyente.

Es un desafío insoslayable: o se respeta la ley y se permite la contienda electoral equitativa o se sigue actuando en forma sesgada con el propósito avieso de ganar elecciones al precio que sea. Continuar como vamos es un camino sin retorno a la anarquía y el desorden, no es viable esa ruta. Cada vez se desnuda más la impudicia para enfrentar los problemas. Los actores de nuestra vida pública están descalificados para el desempeño de sus tareas. Ningún asesor en las altas esferas del poder debe, en su afán de adular, negar lo que los hechos claman a gritos.

En un régimen presidencial el Poder ejecutivo recae en una persona y de ahí emanan las órdenes. El discurso debe cambiar. No son tiempos de querellas ni de dimes y diretes. Es hora de la convocatoria sensata y respetuosa, respaldada por una equivalencia entre los dichos y los hechos.

Carlos Fuentes escribe en La región más transparente: “México tan cargado de experiencias confusas, de vida contradictoria. ¿Le será posible escoger su propio camino o se dejará arrastrar por la ceguera criminal de los escogidos?”.

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