Mientras la administración Trump lanza advertencias sobre plantas eléctricas e infraestructura, Pekín se ha posicionado como el "adulto en la sala".

Por qué 145 países ya prefieren mirar hacia Pekín antes que a Washington?
«El Negocio de la Paz vs. El Costo de la Discordia» Quién está ganando realmente mientras el mundo arde. Llevamos 36 días de una escalada que parece no tener fin. De un lado, vemos una estrategia de pres1ón máxima, miles de millones de dólares invertidos en intervencIones y una retórica agresiv4 que ha llevado el precio de la gasolina a niveles insoportables para el bolsillo ciudadano.
China no busca batallas, busca balances. Mientras la administración Trump lanza advertencias sobre plantas eléctricas e infraestructura, Pekín se ha posicionado como el «adulto en la sala». Con una economía creciendo al 4.8% y 145 países bajo su órbita comercial, China ha entendido algo que el resto parece haber olvidado: la prosperidad no se construye con pólvora, se construye con contratos.
Lo más fascinante (y al4rmante para Occidente) es la frialdad de su estrategia. China no necesita a Irán tanto como Irán necesita a China. Al comprar el 90% del petróleo iraní, Pekín tiene la llave de la supervivencia de Teherán. Pero al mismo tiempo, expande sus lazos con Arabia Saudita y Qatar.
Mientras unos sufren las consecuencias de los cierres en el Estrecho de Ormuz, China se asegura de ser el socio indispensable para quien sea que termine gobernando la región. Ellos no están destruyendo; están esperando para reconstruir.
El contraste que duele al bolsillo.
Las cifras son brutales y no mienten. EE.UU suma heridos, aviones derribados y una inflación energética que asfixia a sus ciudadanos. China, en esos mismos 36 días, se ha dedicado a vender tecnología, firmar acuerdos de paz de cinco puntos y consolidar su monopolio en bienes de alta tecnología.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad es simple: ¿Preferimos liderar a través de la fuerza o a través de la influencia económica? Los hechos demuestran que, en el siglo XXI, el país que firma el cheque tiene más poder que el que aprieta el gatillo.

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