Pensamos en la obediencia como una virtud organizacional

Este texto se inspira en una reflexión reciente publicada en arejenoticias.com por la periodista Teresa Sepúlveda Elizondo, cuyo análisis sobre la obediencia y la responsabilidad individual abre una discusión que, desde la Micropolítica, merece ser ampliada.

Pensamos en la obediencia como una virtud organizacional. Y lo es. Sin obediencia, no hay ejército, no hay Iglesia, no hay empresa que funcione. La obediencia permite coordinación, disciplina y eficiencia.

Pero hay una verdad incómoda: las organizaciones no fracasan por falta de obediencia, sino por exceso de ella.

La historia —y la experiencia cotidiana— nos muestran que la obediencia, cuando no encuentra límites, deja de ser una virtud y se convierte en un riesgo.

Desde la Micropolítica, propongo cuatro límites claros.

Primer límite: cuando la obediencia sustituye el juicio

La frase “yo solo obedecía órdenes” quedó grabada como símbolo de evasión moral en los Juicios de Núremberg. No se trataba de monstruos, sino de individuos que renunciaron a pensar.

La misma lógica fue confirmada por los experimentos de Stanley Milgram: personas comunes eran capaces de infligir daño a otros simplemente porque una autoridad se los indicaba.

El problema no es la obediencia. Es la suspensión del juicio.

Cuando el individuo deja de preguntarse “¿esto está bien?”, la organización ha cruzado su primer umbral de riesgo.

Segundo límite: cuando la obediencia protege al poder y no a la misión

Las organizaciones existen para cumplir una misión. Pero cuando la obediencia se desplaza hacia proteger al líder, la narrativa o la estructura de poder, se produce una distorsión profunda.

La Invasión de Irak de 2003, impulsada por George W. Bush bajo la premisa de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas, es un ejemplo de cómo estructuras completas pueden alinearse con una decisión cuestionable.

Algo similar ocurrió en el desastre del transbordador Challenger, donde advertencias técnicas fueron subordinadas a presiones organizacionales.

Aquí la obediencia deja de servir a la verdad y comienza a servir al poder.

Tercer límite: cuando lo que se dice no coincide con lo que se hace

El gran aporte de Edgar Schein fue mostrarnos que las organizaciones viven en dos niveles: lo que dicen (teorías expuestas) y lo que realmente hacen (teorías en uso).

El escándalo de Volkswagen, que manipuló pruebas de emisiones mientras proclamaba compromiso ambiental, revela esta fractura.

Aquí emerge un concepto incómodo pero necesario: la traición.

Porque cuando la organización exige coherencia en el discurso, pero premia la incongruencia en la práctica, quien denuncia (traiciona) rompe la lealtad… pero restituye la ética.

En este punto, la traición deja de ser un acto condenable y se convierte en un acto moral.

Cuarto límite: cuando la obediencia exige mentir o negar la realidad

El caso de Accidente nuclear de Chernóbil mostró cómo la obediencia puede escalar hacia la negación sistemática de la verdad.

Funcionarios que sabían la magnitud del desastre ocultaron información para proteger al sistema. La obediencia ya no era pasiva: era complicidad.

Cuando una organización exige distorsionar la realidad, no solo está en crisis ética, está en proceso de autodestrucción.

En este límite, desobedecer no es rebeldía. Es responsabilidad.

Conclusión

Las organizaciones necesitan obediencia para funcionar, pero necesitan límites para no destruirse.

Cuando la obediencia elimina el juicio, protege al poder, encubre la mentira o rompe la coherencia, deja de ser virtud y se convierte en riesgo.

Y es ahí donde la Micropolítica ofrece su aporte más incómodo —y más necesario—:

el verdadero problema no es que las personas obedezcan, sino que dejen de preguntarse por qué lo hacen.

En ese momento, la obediencia deja de ser eficiencia… y comienza a ser peligro.

*Alfredo Cuéllar es profesor retirado de Fresno State University, consultor internacional y creador de la disciplina de la Micropolítica, centrada en el estudio del poder en las organizaciones y la vida cotidiana. Es autor de múltiples ensayos y actualmente prepara la publicación de su libro sobre Micropolítica. alfredocuellar@me.com

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