*El PAN Y LOS CANDIDATOS “CIUDADANOS”* Unas reflexiones Salvador I. Reding Vidaña Empecemos bien: los militantes de un partido son tan ciudadanos como quienes no lo son. Así que hablemos mejor de candidatos no partidistas o no militantes. A través de su historia electoral, el PAN ha tenido candidatos no miembros del partido como candidatos invitados desde la sociedad civil o hasta de otros partidos políticos. Y lo ha hecho bien y lo ha hecho mal. Líderes reconocidos y otras personas valiosas han llegado y participado en el partido tanto en su vida política interna como electoralmente. Algunos se han convertido en militantes y otros no. Y sin embargo “los buenos” han servido a México a través del partido, como militantes o como no militantes. Uno de los mejores ejemplos de invitados que no fueron militantes es el de Maquío, que tanto bien hizo a México, siempre fue un líder, desde que presidió la Sociedad de Alumnos del ITESM hasta que participó en Acción Nacional, habiendo sido líder social y empresarial. Un orgullo y gran ejemplo para los políticos y militantes de buena conciencia. Otro ejemplo de líder social invitado a ser candidato del PAN y que se incorporó al mismo hasta llegar a ser su presidente nacional fue “Don Luis” H. Álvarez. Y hay muchos más que fueron invitados de fuera del partido como candidatos, y que ganaron o no las elecciones pero que en ambos casos sirvieron a México. Pero hubo otros casos de no militantes, que las cúpulas del PAN invitaron y presentaron como sus candidatos y que fallaron, algunos que desde el principio no se identificaban con los principios doctrinales de Acción Nacional, y que como era de esperarse (menos por quienes los invitaron) traicionaron al PAN, algunos ganaron y gobernaron como priistas y otros simplemente se alejaron del partido a disfrutar “su” triunfo en las casillas. “Gracias PAN, adiós PAN”. Pero Acción Nacional ha tenido también candidatos “internos” que lo han hecho bien o lo han hecho mal, hasta muy mal una vez ganada la elección. Y considero que podemos afirmar que muchos malos candidatos ganadores de elecciones con los colores del PAN lo eran porque fueron resultado de intereses cupulares, del llamado “cuatismo”. Algunos candidatos (ganadores) fueron nominados desde por sus cuates hasta por ellos mismos descaradamente. ¿Que se requiere de buena imagen pública para ganar una elección, que se trate de alguien reconocido públicamente? Cierto, pero la praxis política nos ha enseñado que ese reconocimiento entre el público que vota se gana por acciones promocionales del partido, y que para ganar se necesita el apoyo de una imagen favorable del propio partido. Que el triunfo en las urnas se da porque se votó tanto por el partido como por el candidato. La popularidad de un político o aspirante a serlo, si es alta, puede serlo por buenas o malas razones. La popularidad no es sinónimo de dignidad, fidelidad a principios o idoneidad. Las encuestas de popularidad son en muchas ocasiones prácticas fallidas, comenzando por fallas técnicas. Malos ciudadanos, como muchos ya sabidos, son altamente conocidos y favorecidos políticamente siendo verdaderos peligros sociales, son clásicos populistas o simples engaña bobos (o ingenuos). Y las encuestas fallan muchas veces y son trampeadas tanto en su desarrollo como en la publicación de sus resultados (hasta inventados). Acción Nacional puede muy bien seguir seleccionado como sus candidatos tanto a panistas como a no-militantes y hacerlo bien si se seleccionan cuidadosamente las personas conforme a sus principios demostrados, su ejemplo de vida y sus aptitudes para desempeñar el cargo, sea para el poder ejecutivo como al legislativo. Lo importante es que los elegidos para las candidaturas sean potencialmente capaces para el cargo, y que tengan una buena imagen, lo que se llama políticamente “buena fama pública”. ¿Y qué podemos decir de las personas que levantan la mano y dicen ¡yo quiero ser candidato! ante las cúpulas partidistas? Pues se les debe escuchar, tomar en cuenta y valorar cuidadosamente su idoneidad y su identificación probada con los principios de Acción Nacional. Eso ya se ha hecho y se puede volver a hacer. Complicarse la vida para seleccionar, presentar y apoyar candidatos militantes o ajenos al PAN, no viene al caso, es innecesario y resultar muy costoso (¿Y quién pagaría todo eso, como las encuestas?). Pensar que un ciudadano no-militante levante la mano y quiera participar electoralmente a nombre del PAN, debe ser un procedimiento sencillo, resuelto dentro del propio PAN, como ya se ha hecho y se puede repetir honestamente. Sólo se requiere sagacidad de análisis de personalidades, buena voluntad, buena conciencia, prudencia y equidad entre aspirantes internos y externos al partido de parte de las dirigencias. Y que la militancia decida votando. Si la selección de candidatos no se hace por votación de la militancia, como debe ser en primer lugar, caería el PAN más aun en la designación cupular.

Unas reflexiones

Empecemos bien: los militantes de un partido son tan ciudadanos como quienes no lo son. Así que hablemos mejor de candidatos no partidistas o no militantes. A través de su historia electoral, el PAN ha tenido candidatos no miembros del partido como candidatos invitados desde la sociedad civil o hasta de otros partidos políticos. Y lo ha hecho bien y lo ha hecho mal.

Líderes reconocidos y otras personas valiosas han llegado y participado en el partido tanto en su vida política interna como electoralmente. Algunos se han convertido en militantes y otros no. Y sin embargo “los buenos” han servido a México a través del partido, como militantes o como no militantes.

Uno de los mejores ejemplos de invitados que no fueron militantes es el de Maquío, que tanto bien hizo a México, siempre fue un líder, desde que presidió la Sociedad de Alumnos del ITESM hasta que participó en Acción Nacional, habiendo sido líder social y empresarial. Un orgullo y gran ejemplo para los políticos y militantes de buena conciencia.

Otro ejemplo de líder social invitado a ser candidato del PAN y que se incorporó al mismo hasta llegar a ser su presidente nacional fue “Don Luis” H. Álvarez. Y hay muchos más que fueron invitados de fuera del partido como candidatos, y que ganaron o no las elecciones pero que en ambos casos sirvieron a México.

Pero hubo otros casos de no militantes, que las cúpulas del PAN invitaron y presentaron como sus candidatos y que fallaron, algunos que desde el principio no se identificaban con los principios doctrinales de Acción Nacional, y que como era de esperarse (menos por quienes los invitaron) traicionaron al PAN, algunos ganaron y gobernaron como priistas y otros simplemente se alejaron del partido a disfrutar “su” triunfo en las casillas. “Gracias PAN, adiós PAN”.

Pero Acción Nacional ha tenido también candidatos “internos” que lo han hecho bien o lo han hecho mal, hasta muy mal una vez ganada la elección. Y considero que podemos afirmar que muchos malos candidatos ganadores de elecciones con los colores del PAN lo eran porque fueron resultado de intereses cupulares, del llamado “cuatismo”. Algunos candidatos (ganadores) fueron nominados desde por sus cuates hasta por ellos mismos descaradamente.

¿Que se requiere de buena imagen pública para ganar una elección, que se trate de alguien reconocido públicamente? Cierto, pero la praxis política nos ha enseñado que ese reconocimiento entre el público que vota se gana por acciones promocionales del partido, y que para ganar se necesita el apoyo de una imagen favorable del propio partido. Que el triunfo en las urnas se da porque se votó tanto por el partido como por el candidato.

La popularidad de un político o aspirante a serlo, si es alta, puede serlo por buenas o malas razones. La popularidad no es sinónimo de dignidad, fidelidad a principios o idoneidad. Las encuestas de popularidad son en muchas ocasiones prácticas fallidas, comenzando por fallas técnicas. Malos ciudadanos, como muchos ya sabidos, son altamente conocidos y favorecidos políticamente siendo verdaderos peligros sociales, son clásicos populistas o simples engaña bobos (o ingenuos). Y las encuestas fallan muchas veces y son trampeadas tanto en su desarrollo como en la publicación de sus resultados (hasta inventados).

Acción Nacional puede muy bien seguir seleccionado como sus candidatos tanto a panistas como a no-militantes y hacerlo bien si se seleccionan cuidadosamente las personas conforme a sus principios demostrados, su ejemplo de vida y sus aptitudes para desempeñar el cargo, sea para el poder ejecutivo como al legislativo. Lo importante es que los elegidos para las candidaturas sean potencialmente capaces para el cargo, y que tengan una buena imagen, lo que se llama políticamente “buena fama pública”.

¿Y qué podemos decir de las personas que levantan la mano y dicen ¡yo quiero ser candidato! ante las cúpulas partidistas? Pues se les debe escuchar, tomar en cuenta y valorar cuidadosamente su idoneidad y su identificación probada con los principios de Acción Nacional. Eso ya se ha hecho y se puede volver a hacer.

Complicarse la vida para seleccionar, presentar y apoyar candidatos militantes o ajenos al PAN, no viene al caso, es innecesario y resultar muy costoso (¿Y quién pagaría todo eso, como las encuestas?). Pensar que un ciudadano no-militante levante la mano y quiera participar electoralmente a nombre del PAN, debe ser un procedimiento sencillo, resuelto dentro del propio PAN, como ya se ha hecho y se puede repetir honestamente. Sólo se requiere sagacidad de análisis de personalidades, buena voluntad, buena conciencia, prudencia y equidad entre aspirantes internos y externos al partido de parte de las dirigencias. Y que la militancia decida votando. Si la selección de candidatos no se hace por votación de la militancia, como debe ser en primer lugar, caería el PAN más aun en la designación cupular.

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