Con frecuencia, el posicionamiento público de un líder no depende del todo de su intención. Porque la difusión de sus planteamientos está intermediada. Las empresas informativas organizan ese contenido de acuerdo con su propia agenda. Además, hacen a los entrevistados solo preguntas articuladas a su política editorial. Al inicio, la reciente 89 Convención Nacional Bancaria lo ilustró así. Se le atribuyó a la Banca una exigencia de certidumbre, omitiéndose que en ese Sector existía ya un reconocimiento de la estabilidad en el país.
Ciertamente, a cuestionamiento diseñado por medios, líderes bancarios afirmaron que la falta de certidumbre podría ser su principal riesgo. Pero el Presidente de la Asociación de Bancos de México también afirmó: “La estabilidad que hay en este momento propicia que la confianza de estas instituciones y (de) sus inversionistas esté a tope”.
Para el Gobierno, el planteamiento sin bases de una situación de inestabilidad, proyectado por medios, podría resultar por lo menos impropio desde la perspectiva del trato político.
Y es que en junio de 2025, frente a las acusaciones norteamericanas de involucramiento en lavado de dinero por parte de entidades financieras mexicanas, la Presidenta Sheinbaum había metido las manos por el Sector en ese incendio. Cuando el Camión de Bomberos ni siquiera había salido de su Estación. El Departamento del Tesoro de EU, dijo, no presentó pruebas sólidas; la UIF y la CNBV encontraron sólo irregularidades de procedimiento.
Malos entendidos, como el que podría generar la situación descrita, pueden o no ser provocados por el filtro político de los medios. En cualquier caso es típico que la distorsión contribuya a episodios de desencuentro en el trato de segmentos del Empresariado con la esfera política o gubernamental.
Otro aspecto que propicia esta confusión es que el Sector Privado, aunque no es monolítico, se presenta como si lo fuera. Además, se encuentra históricamente más identificado con doctrinas políticas que expresan su interés de manera ortodoxa.
Ciertamente, es común que representantes de ese Sector, en ciclos de campaña electoral, se aproximen a contendientes de diferente signo político. Y que incluso se incorporen a sus estructuras de promoción. Pero ahí son vistos con reserva. Están y no están. Como podría ocurrir con cualquiera allegado de última hora.
Esta ajenidad favorece que ya en el curso de ejercicios gubernamentales, por desconocimiento de la intención de determinada Administración Federal, el Empresariado sobredimensione riesgos. Que desperdicie oportunidades.
O que incluso pierda perspectiva. Por ejemplo, en el pasado reciente, personalidades influyentes de la Iniciativa Privada coincidieron con opositores en reprobar del todo la política de apoyos sociales del actual Régimen. Sin embargo, paulatinamente esos programas han mostrado por lo menos un efecto positivo que es de interés directo para el Empresariado: el incremento del gasto familiar contribuye a dinamizar el mercado interno.
Que el Empresariado favorezca internamente la diversidad de visiones y participaciones políticas de sus miembros puede serle benéfico. Le permitiría obtener de la Sociedad una percepción más equilibrada acerca de su papel en la vida del país.
También: a) propiciaría que el Sector tuviera una comprensión general más profunda respecto a la sensibilidad e interpretación de la Clase Política y del Gobierno; b) en cada cambio de signo partidista de Gobierno, el Empresariado podría colocar a la cabeza de sus organismos a perfiles familiarizados con la nueva tendencia que optimizaran la interlocución; c) conocería de manera más rápida la intención real de cada Administración o incluso Régimen.
“Puedes mirarlo de otra manera”, cantaban los Bee Gees (“Stayin´Alive”, 1977).
