El riesgo de que el Batman mexicano se convierta en el nuevo Genaro García Luna es latente

Batman hace control de crisis con la DEA y el FBI después del abatimiento de «El Mencho». La tragedia shakespeariana rumbo al 2030.

En 2004 y 2005, las agencias de seguridad de Estados Unidos, el FBI y la DEA reconocieron a Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública del sexenio de Felipe Calderón, al menos en tres ocasiones. Lo premiaron por su colaboración contra el narcotráfico y por fortalecer la cooperación bilateral. Durante esos años, Washington tenía la certeza de haber encontrado en México a un operador confiable al frente de la estrategia de seguridad del país vecino.

Hoy ese mismo personaje está sentenciado y preso por el gobierno que lo condecoró. El paralelismo con Omar García Harfuch, el Batman mexicano, -quien publicó imágenes tras su encuentro con el Director de la DEA, Terrance Cole, y con el del FBI, Kash Patel- se vuelve inevitable. La gira de trabajo y de medios que emprendió en Estados Unidos manda señales al régimen mexicano. Sin embargo, el súper policía parece no haber calculado que la élite de las fuerzas armadas y ciertos actores del gabinete de seguridad interpretarían la imagen como un acto de debilidad ante la necesidad de un espaldarazo externo.

Es decir, se trata de un control de crisis, la cual derivó del operativo (22 de febrero) en el cual se abatió a «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más poderosas a nivel internacional. Dicha crisis quedó retratada en el texto titulado «El código rojo» que publicó la periodista Peniley Ramírez en su columna Linotipia en el periódico Reforma el pasado 7 de marzo. Ahí se expone la fractura y distanciamiento entre corporaciones de seguridad mexicanas.

Bajo este panorama, el hombre más importante para la presidenta Claudia Sheinbaum y piedra angular en su estrategia electoral sucesoria, Omar García Harfuch, fue relegado de la cooperación entre el Comando Norte estadounidense y el Ejército mexicano para ejecutar el operativo en Tapalpa, Jalisco, en el que murió el líder del cartel. La desconfianza, refieren dos fuentes, deviene de una filtración de información sobre un despliegue operativo en la misma entidad que se desarrolló tres semanas atrás. No existe confirmación de que Harfuch fuera el responsable de dicha vulnerabilidad, sin embargo, ese riesgo no se corrió por segunda vez.

El riesgo de que el Batman mexicano se convierta en el nuevo Genaro García Luna es latente, trasciende la historia individual y describe el funcionamiento de un sistema en el que el súper policía -al igual que el personaje ficticio con el que se le compara – debe definirse, o no, y tomar conciencia, o no, de su rol dentro de una dinámica en la que la corrupción, el crimen y la traición son herramientas que conviven y no son tan distintas a las que debe dominar y usar para alcanzar sus objetivos dentro de dicho sistema. 

¿Ser o no ser? Es la pregunta que subyace y que recuerda que el personaje ficticio de Batman es una modernización a la americana del clásico inglés Hamlet de William Shakespeare. El cuestionamiento funciona como una lente para diseccionar cómo el poder transforma a quienes lo encarnan. Quienes promueven e impulsan a Omar García Harfuch como Batman tal vez pierden de vista que la historia en sí misma es una tragedia, la cual, en este caso, bien puede empezar en el momento en el que un gobierno que se asume de izquierda avala y proyecta a un policía para mantener el poder en 2030.

En Hamlet, el desenlace se construye a partir de los dilemas implícitos en las decisiones a tomar, las cuales a su vez parecen definidas por un ambiente que en sí mismo impone condiciones. En ese sentido, el Batman mexicano -después de una gira de control de crisis en Estados Unidos- se decanta por el «ser» en un sistema que no tiene ganadores y que lo único que produce -tarde o temprano- es una tragedia.

De momento, el espaldarazo de la DEA y el FBI sobre el Batman mexicano representa para un sector clave del aparato de seguridad nacional la más clara exhibición de debilidad pues confirma en sí mismo la necesidad de legitimarse ante ellos.

La acumulación de visibilidad, interlocución internacional y proyección política produce también escozor dentro de los poderosos grupos que conforman el régimen. Quienes son leales al fundador del «movimiento» Andrés Manuel López Obrador, no sólo desprecian a García Harfuch sino que también funcionan hoy por hoy como un contrapeso real para la presidenta Claudia Sheinbaum. Desde su llegada a Palacio Nacional le hacen ver, distintas formas y desde diferentes trincheras, que los temas trascendentales y de fondo se definen en el sureste mexicano: Palenque.

Bajo esa dinámica, los más duros del régimen y quienes se sienten excluidos de esta estrategia operan de forma organizada para que el Batman mexicano transite hacia un personaje meramente funcional el cual absorba los costos, canalice las críticas y ayude a contener a Washington. Lo quieren ver pasar de héroe a bufón.

Omar García Harfuch puede no estar -aún- consciente -aunque él considere que sí- de su rol dentro del sistema que por herencia y trayectoria asume conocer. En Hamlet, el protagonista comprende demasiado tarde que cada movimiento lo acerca al lugar que el sistema ya le tenía reservado.

Las variables que enfrenta, tanto en el exterior como al interior del país, para convertirse en sucesor serio de Claudia Sheinbaum son innumerables. Y sin embargo, en ese mismo ascenso se inscribe su riesgo central: el sistema que hoy lo eleva como Batman ya ha demostrado su capacidad para convertir a sus propios héroes en piezas desechables, tal como ocurrió con Genaro García Luna.

Miguel Ángel Romero Ramírez

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