Publicado el sábado 14 de marzo en EL NORTE
A papá, hoy que cumpliría 86 años, celebrando su vida y el amor que sigue iluminándonos.
Esta semana México dejó una lección importante para su débil democracia: las reglas electorales no pueden modificarse sin consenso con las minorías políticas.
El rechazo a una reforma electoral impulsada sin acuerdos recordó algo fundamental: la democracia no pertenece al Gobierno en turno, pertenece a todos.
Las democracias casi nunca caen de forma abrupta. Suelen deteriorarse desde dentro mediante decisiones técnicas que modifican gradualmente las reglas políticas. Primero se debilitan los contrapesos, luego se reduce la representación y finalmente se limita la transparencia, hasta que, cuando la sociedad reacciona, el sistema deja de ser plenamente democrático.
La erosión democrática ha sido ampliamente estudiada. En «How Democracies Die», Steven Levitsky y Daniel Ziblatt muestran que los Gobiernos pueden hacer colapsar una democracia manipulando las instituciones que deberían limitarlos: no necesitan cancelar elecciones, basta con inclinar las reglas, debilitar árbitros y reducir la capacidad de la oposición para competir.
Yascha Mounk coincide al señalar que el riesgo actual no es la dictadura tradicional, sino la «democracia iliberal», donde las elecciones existen, pero el diseño institucional concentra poder y aniquila el pluralismo.
Las democracias dependen de algo más profundo que el voto. Dependen de instituciones fuertes y de una cultura política que acepte límites al poder.
Aquí resulta particularmente relevante el argumento de Nathan Rosenberg y L. E. Birdzell en «How the West Grew Rich». Ellos explican que el éxito de Occidente no se debió únicamente a la democracia, sino a la fortaleza institucional que permitió la deliberación constante dentro de la sociedad. Las sociedades prósperas no se construyen mediante imposiciones, sino mediante sistemas donde múltiples actores pueden debatir, competir y corregir errores.
Las instituciones funcionan cuando el ganador de una elección entiende que no gobierna solo para sus seguidores, sino también para las minorías que disienten. La democracia no consiste en que la mayoría haga lo que quiera; consiste en que la mayoría gobierne respetando reglas que protegen a quienes no ganaron.
La experiencia internacional ofrece ejemplos claros. Algunos países han logrado construir sistemas políticos estables precisamente porque entendieron que la gobernabilidad democrática requiere integrar, no excluir, a las distintas corrientes políticas.
Uruguay es un caso particularmente ilustrativo. A pesar de ser un país pequeño, ha logrado mantener durante décadas una democracia extraordinariamente estable. Parte de su éxito radica en que su sistema político ha canalizado las distintas corrientes ideológicas dentro de grandes bloques competitivos. Durante décadas, las disputas se procesaron entre los tradicionales Colorado y Blanco; más recientemente, el Frente Amplio consolidó una amplia coalición de izquierda.
Ese diseño ha permitido que distintas corrientes encuentren representación institucional sin fragmentar el sistema político. Las disputas se procesan dentro de coaliciones amplias que obligan a negociar. El resultado es una democracia con algo cada vez más escaso en América Latina: gobernabilidad.
Uruguay demuestra que la estabilidad democrática no surge de eliminar la pluralidad, sino de institucionalizarla.
Por eso la señal que dejó México esta semana importa. Recordó que las reglas de la competencia democrática no pueden cambiarse unilateralmente desde el poder. Cuando las mayorías intentan rediseñar el sistema sin escuchar a las minorías, no están fortaleciendo la democracia: están poniendo en riesgo las instituciones que la sostienen. Por eso debemos impedir cualquier intento de debilitar nuestras instituciones democráticas.
Las democracias no se destruyen de golpe. Se desarman pieza por pieza. Y evitar ese proceso exige exactamente lo que se vio esta semana: que la sociedad alce la voz para poner límites al poder y exigir respeto al pluralismo.
vidalgarza@yahoo.com

