Desde su triunfo en las Elecciones de 2018, Morena se convirtió paulatinamente en el ámbito natural para hacer política. El partido gobernante vio incrementada la adhesión de grupos políticos de los más diversos orígenes, historias y proyectos. Se trata de un fenómeno inercial: el que va ganando gana más. Este tumulto, similar al que se produce cuando un grupo de muchachos se encaraman unos encima de otros en el “juego del burro bala”, ha generado distorsiones y riesgos que hoy afectan la vida interna de esa organización.
En el futuro: disputa por el rumbo. La larga pelea intestina en torno al liderazgo nacional se ha pausado, dando lugar a una institucionalidad sólida. Pero el crecimiento de Morena produjo la integración de núcleos de filiación contrastante que eventualmente disputarán la hegemonía y el rumbo. Habitan ahí Izquierda, Centro y Derecha. No hay indicios de que esté en curso un trabajo de ingeniería partidista para organizar su convivencia.
La austeridad, vulnerada. El detrimento opositor, profundizado por la fuga de grupos y liderazgos medios, propició que personalidades importantes de Morena relajaran su conducción propia y transgredieran la doctrina de austeridad, concepto base de la exitosa mercadotecnia política del partido.
Cambio de esencia. Especialmente en estados distantes del centro del país, la base social y la estructura electoral de tierra de Morena es sostenida por grupos desprendidos de Partidos que hoy son Opositores. Su identidad y vocación pueden ser muy diferentes de las de los núcleos originarios del movimiento.
Defender lo indefendible. El carácter indiscriminado de su política de admisión ha obligado a Morena y otras instancias de Régimen a asumir la defensa de aspectos de conflictividad de sus nuevos aliados. Ello se ha revelado costoso en varias zonas. Por ejemplo, Tamaulipas.
Cuando duermes con el enemigo no sueñas. Las bases de militancia original de Morena en diversos espacios regionales han debido subordinarse a liderazgos detentados por quienes antes eran sus antagonistas políticos o ideológicos. Existe ahí una tensión latente.
Espejito, espejito. La concentración de energía en aspectos tácticos electorales ha provocado que Morena omita atender suficientemente necesidades estratégicas inherentes a su ejercicio de gobierno. Por ejemplo, la Política de Seguridad. Morena podría verse en el espejo de las coaliciones de Izquierda y Centro Izquierda que aún gobiernan Chile. Su déficit de resultados en Seguridad fue uno de los factores determinantes para su derrota en las pasadas elecciones presidenciales (primera y segunda vueltas en noviembre y diciembre 2025).
El voto cautivo también cambia. El crecimiento desbordado de Morena multiplicó su quehacer del corto plazo. En demérito de las tareas estratégicas o de de profundidad. Por ejemplo, diseñar la diversificación de su código de comunicación política. El eventual progreso de los segmentos de población beneficiados por apoyos sociales podría propiciar que algunos núcleos dejaran de considerarse interlocutores de una narrativa sobre la pobreza.
Del amor propio a la inmodestia. La percepción sobre el poder político obtenido genera una interpretación que exagera los méritos propios incluso a propósito de eventos definitorios, por ejemplo las razones reales del triunfo de Morena en 2024. Una lectura equivocada puede tener consecuencias graves para el rumbo y estilo de gobierno.
Este crecimiento inarticulado y vertiginoso de Morena advierte el riesgo de un resultado político adverso en un futuro de plazo incierto. Tan desgraciado como lo era siempre la escena final del “juego del burro bala”: todos caídos, magullados y adoloridos.
11 Marzo 2026
