La reciente columna de Steven Rattner, “I Just Returned From China. We Are Not Winning”, no dice nada que, en el fondo, no sepamos. Lo inquietante es que lo confirma desde la experiencia directa: Estados Unidos no está siendo derrotado por China; está siendo debilitado por su propio desorden interno.
Rattner desmonta una falsa dicotomía que domina el debate público: ni la confrontación agresiva ni la diplomacia tradicional bastan para frenar a China. El país asiático ya no es solo un competidor comercial; es un rival sistémico, con una estrategia de largo plazo, coherente, disciplinada y sostenida por el Estado. Mientras tanto, Estados Unidos debate tácticas, cambia funcionarios, improvisa políticas y reduce inversiones clave. El problema no está afuera: está en casa.
Instituciones lentas en un mundo acelerado
Rattner describe un fenómeno que va mucho más allá del comercio: instituciones lentas compitiendo contra sistemas acelerados. China entendió que perder la carrera de la inteligencia artificial no era una anécdota tecnológica, sino un riesgo estratégico. Respondió como Estado: inversión masiva, desregulación selectiva, infraestructura energética y formación de talento.
Estados Unidos, en contraste, recorta investigación básica, politiza la ciencia y discute aranceles como si estuviéramos en los años ochenta. Grandes discursos sustituyen a la planeación real. Reformas simbólicas reemplazan capacidades técnicas. El resultado es un rezago que no se nota de inmediato, pero que se acumula.
La Micropolítica del retroceso institucional
Los despidos, los cambios abruptos de funcionarios y las declaraciones tranquilizadoras del tipo “todo está bajo control” no son señales de estabilidad, sino síntomas de fractura institucional. Rattner lo confirma desde la economía: mientras China consolida su política industrial, Estados Unidos oscila entre impulsos, ocurrencias y contradicciones internas.
La Micropolítica contemporánea del retroceso no se expresa solo en conflictos visibles, sino en:
- decisiones erráticas,
- abandono de capacidades técnicas,
- desprecio por especialistas,
- debilitamiento silencioso de instituciones clave.
Eso explica por qué China puede tener una economía doméstica tensa y, aun así, dominar la manufactura global, la robótica, los vehículos eléctricos y ahora la farmacéutica. La coherencia estratégica pesa más que el crecimiento inmediato.
Educación, ciencia y poder: el mismo error
El patrón es claro: recortar ciencia, abandonar investigación básica y confiar en que el mercado resolverá lo que el Estado dejó de organizar debilita la capacidad de competir. No es falta de talento; es falta de organización colectiva, de prioridades claras y de respeto a la inteligencia institucional.
Aquí conviene señalar algo más amplio: México enfrenta estos mismos problemas, pero de forma más aguda. Recortes presupuestales, abandono de organismos técnicos, desprecio por el posgrado y una reforma educativa improvisada han profundizado el rezago. Cambia el contexto nacional; el error estructural es el mismo.
Conclusión: la competencia ya no es externa
La gran lección es incómoda pero clara: las potencias ya no colapsan por invasiones, sino por desorden interno.
China no está derrotando a Estados Unidos; Estados Unidos se está debilitando solo.
La inteligencia artificial no está desplazando a las escuelas; las está dejando atrás cuando no se adaptan.
La historia no se resuelve al nombrarla; se disputa. Y hoy, la disputa central no es geopolítica: es institucional, educativa y micropolítica.
*Dr. Alfredo Cuéllar es profesor retirado de Fresno State University, consultor internacional y creador de la Micropolítica (Micropolítica: El Ejercicio del Poder), disciplina que analiza el poder cotidiano e invisible en las organizaciones, la política y la vida social. Fue el primer mexicano en enseñar en la Universidad de Harvard y es autor de numerosos artículos sobre educación, poder y gobiernos institucional. alfredocuellar@me.com

